Súper “Mico”, el gran Luciano Barchi Pozzo se ha ido.

Autor: Francisco J. Miranda Avalos, Presidente de la J. Directiva de la ONG Oannes

lunes 20 de mayo de 2019

Súper “Mico”, el gran Luciano Barchi Pozzo se ha ido.

Se me está haciendo costumbre escribir sobre los amigos que se van. Sin duda que los años pasan, cada vez me siento más viejo y el cuerpo me lo recuerda. Pero ¿Cómo no compartir con todos ustedes, las historias que vivimos con aquellos héroes de nuestra juventud, con quienes tuvimos algunas de las vivencias más maravillosas en el mar, bajo el agua o en las distintas playas del Perú?


Febrero 1982, en plenas vacaciones; Antonio Rodríguez Verdugo y yo, sentados en asiento trasero del auto escuchábamos entre risas y sonrisas, las discusiones imposibles de dos viejos amigos, de ascendencia italiana, cada uno más terco que el otro, moviendo acaloradamente sus manos; mientras frente a nuestras ventanillas atravesamos el desierto de Sechura, entre Lambayeque y Catacaos.


Al timón Luciano Barchi Pozzo y sentado como copiloto, el dueño del auto; Luis Carlini Migliaro. Dos generaciones distintas, con 25 años de diferencia viajábamos a bucear en el cálido norte del Perú. A buscar los grandes meros de Sechura, Lobos de Tierra y Cabo Blanco. En la maletera y en la parrilla, los cuatro equipos de buceo, con muchos fusiles de pesca submarina y varios paquetes de flechas de acero de resorte, para asegurar las capturas.


Todo era motivo de discusión o controversia para nuestros dos veteranos pescadores, ambos campeones nacionales de pesca submarina a pulmón. Uno de ellos, Luciano Barchi que logro la máxima calificación mundial para un deportista subacuático peruano. El tercer lugar en el mundo en Iquique 1971, la sede del X Campeonato Mundial de Caza Submarina, organizado por la Confederación Mundial de Actividades Subacuáticas (CMAS). Confederación fundada en 1959 en Mónaco, por delegados de 15 países, teniendo como su primer presidente, nada menos que a Jacques Yves Cousteau, el gran explorador de los mares.


Durante el tramo Lambayeque – Catacaos, el tema giraba en torno a la CMAS y la creación de los comités científicos que la confederación exigiría en las federaciones afiliadas a la CMAS, que tenían a la pesca submarina a pulmón como deporte. Ambos solo coincidían en que debían existir; para estudiar los peces que capturábamos y asegurar la sostenibilidad del deporte en el futuro. Pero las coincidencias acababan ahí.


Uno de ellos, ya no recuerdo cual, decía que el Chino (Medialuna ancietae) debía tener mínimo 1 kilo para capturarlo, el otro pedía 2 kilos mínimo. Y nosotros, la cazuela, sentados en el asiento posterior decíamos 3 kilos mínimo, aunque recuerdo que Antonio defendía los 5 kilos como mínimo. Pero éramos la cazuela, nuestra opinión era aparentemente intranscendente, finalmente éramos los “pulpines” con 25 años menos que ellos.


Pero la conversación pasaba de pronto a la parte coloquial: “Tú no sabes nada Pepe Galleta”, le decía Luciano a Lucho, “ni tu tampoco Mico” le respondía Carlini;“los que estudian pesquería son los dos chibolos que vienen atrás…”. “Esos no saben nada”, cerraba la discusión Luciano categóricamente, mientras nosotros nos mirábamos sonriendo.


“Pepe galleta” fue la “chapa” del viaje. Ya que Carlini, siempre quería parar a comprar galletas para acompañar las cocacolas frías en el cooler, como un “tentempié” que evitaba parar a cada rato en la carretera. “Cafeína con gas” decía Lucho.


Los viajes que hicimos a la isla Lobos de Tierra desde Parachique, fueron sin duda muy aleccionadores y una vivencia inolvidable, con un mar prodigo y rico en peces. Recostados en el unos colchones, de una habitación que gentilmente nos ofreció el guardián de la isla, en la casa principal. Escuchábamos con atención, los consejos de buceo y pesca submarina que ambos buzos nos daban, las experiencias con las capturas de animales grandes eran compartidas sin reparo y resultaron sumamente útiles los días posteriores, cuando capturamos grandes meros entre los fierros de los naufragios y en las muriqueras de la isla.


Sin embargo lo realmente admirable era el estado físico de Luciano, incansable con una apnea superior al minuto y medio, que nunca pude registrar. Sus grandes habilidades para la natación, le permitían recorrer grandes distancias y su total integración con el mar, le permitían bucear de día o de noche, largas horas en las frías aguas del Perú.


Un hombre con cientos de historias increíbles, casi mitos; como cuando el motor descompuesto de su lancha de fibra de vidrio, lo obligo a remolcarla a nado desde la isla San Lorenzo hasta La Punta. O aquella en que buceando de noche al sur de Paracas se extravió y sus compañeros desesperados por no encontrarlo, salieron a tierra a buscar ayuda, que llego de Lima, para encontrarlo en una playa durmiendo enterrado dentro de una cama de algas y cubierto de arena, para no perder calor.


Luciano parecía poner a prueba a todos sus acompañantes de buceo, pero no era tal. En realidad su extraordinaria capacidad para permanecer horas en el mar y su perseverancia para buscar presas, sometía a sus acompañantes que ya cansados se subían a la embarcación, a largas horas de espera, con frio, titiritando, regresando casi siempre ya anochecido a La Punta, después de que el terminara de revisar todos sus caladeros en la isla San Lorenzo, El Frontón o Palomino: sus cotos de caza.


“Mico” le decíamos algunos con gran afecto, un diminutivo simiesco que hacía referencia a su compacto y solido cuerpo, con las grandes espaldas del nadador. Parco y directo, Luciano no tenía reparos en decir lo que pensaba, así no gustara a quien lo escuchaba. Pero una vez alcanzada su amistad, su corazón de abuelo cariñoso se brindaba pleno ante sus querencias.


Quizá muchos tengan mucho más que decir y contar de él. Su vida fue plena con su deporte, familia y amigos. La mayoría de los que amamos el mar, quisiéramos haber vivido sus experiencias y su pasión por la pesca submarina a pulmón, tenemos las nuestras sin duda. Y una de las mejores experiencias que he tenido, fue haberlo conocido, buceado, reído, discutido y aprendido de él.


Nuestro club Rascaplayas, el club de pesca submarina más antiguo del país, lo nombro socio honorario vitalicio en una ceremonia privada que honro a otros veteranos y venerables pescadores submarinos también, que término con una cena memorable. Su sonrisa y alegría la llevaremos en nuestro corazón como el último recuerdo. ¡Riposa in pace amico mio, non ti dimenticheremo mai!