VENTISEIS AÑOS DE CAMPING MARINO EN LA COSTA PERUANA

Autor: Francisco J. Miranda Avalos

viernes 25 de enero de 2002

Corria el año 1976 cuando intentaba comenzar una larga carrera en pos del titulo de Psicologo Animal, experto en mamiferos marinos. Estudiaba en aquel entonces en la Universidad Catolica mi primer año de estudios generales en Psicologia, que abandone despues por la Ingenieria Pesquera, Oceanografica e Hidrobiologica (por que asi se llamaba entonces la carrera).

Fue ahi donde conoci a mis primeros compañeros de aventuras y donde aprendi a beber cerveza helada en una orilla desierta a mas de 360 kilometros al norte de Lima, lejos de la presion universitaria y aislado en un mundo de extraodinaria belleza costera, arrecostado semi desnudo sobre la arena, despues de una larga faena de pesca submarina, con algunas pintadillas, trambollos y babuncos ensartados por los ojos, junto a una ajena e impresionante pesca de cherlos y chinos que practicamente llenaban la caja naranja de plastico de cincuenta kilos.

En aquellas epocas, solo una cocina primux empotrada en una lata de aceite de cinco galones, a la usanza norteña, acompañaba a nuestra solitaria olla con tapa que cumplia de sarten cuando era necesario. Dentro del Volskwagen, un par de carpitas verdes del ejercito, sin piso; sleepings, maletines con ropa y algunos viveres; completaban nuestro equipo de supervivencia.

Habiamos decidido pasar las vacaciones viviendo de la pesca, que por aquel, gracias a Dios, entonces era muy abundante.

Fueron quiza esos años los que forjaron mi amor a la soledad del campista, una soledad que el terror senderista acabo para siempre desde los años ochenta. Y es que antes uno podia viajar por el Peru sin temor a asaltos, o asesinatos. Era facil echarse el equipo de buceo al hombo y lanzar el dedo a la carretera. Siempre habia un camionero aburrido, que buscaba con quien conversar en su largo y tedioso camino rumbo a alguna parte.

En aquella epoca, recorriamos las numerosas playas del norte, desde el Huaro (Km. 360) hasta Tuquillo (Km. 300) y encontrabamos numerosos campings desperdigados a razon de uno o dos campamentos por playa, coguiendo cada uno un lado de la misma o cuando era muy larga, habia espacio para otro mas en el centro, juntos pero no revueltos. El camping era la norma del peruano de clase media que queria gozar de la naturaleza de su pais durante los feriados largos o parte de sus vacaciones. En aquel entonces eran los tiempos de permanencia los que determinaban las clases sociales. Por que sin duda los mas adinerados podian quedarse unos dias mas. Era facil ver familias enteras que pasaban quince o veinte dias en una playa aislados, conviviendo con la naturaleza en todo su explendor.

Pero llego Abimael, el Presidente Gonzalo. Poco a poco las paredes de Chancay, Huacho, Barranca, Pativilca, y Huarmey, se iban llenando de grafitis amenazadores con arengas del "cacheton". Algunos campistas fueron asaltados en El Paraiso, en las carreteras y como un regero de polvora la noticia corrio veloz entre los amantes del sleeping. Pronto las playas del norte se despoblaron y el sur de Lima comenzo su largo camino de superpoblacion.

Sin embargo muchos de nosotros llenos de paranoia terrorista, tomamos pistolas, revolveres, rifles, escopetas y hasta ametralladoras para sostener nuestras bases norteñas, de playas hermozas, soleadas, ventosas y bien provistas de pesca. Recuerdo un camping alla por la primera mitad de los ochenta, en que un gran grupo de amigos congregados en una sola playa por el Km. 303, dormiamos cubiertos por el velo oscuro de la medianoche sin luna, sintiendo de pronto el ruido pastoso de un cohete. Bien grabado en mi memoria tengo el rastrillar de muchas armas como acto seguido. En aquella noche sin viento, en la que instantes previos al cohete atrevido, solo se oian ronquidos, murmullos y uno que otro llanto de infante entre las carpas. Ese dia me percate del temible ejercito que el "Cacheton" nos habia obligado a formar. ¿El cohete?...pues nada, era solo una broma previa al año nuevo, hecha por alguno de mis simpaticos compañeros de arena, hoy dia incluso olvidado.

Pero la peor de mis vivencias de tantos años de mar, paso durante la segunda mitad de los ochenta, cuando imposibilitado de ir al norte, opte por un camping en el sureño balneario de Chepeconde, no existian casas aun . A solo 120 kilometros al sur de Lima. Gracias a Dios llege dias previos al año nuevo y pude gozar de una playa poblada solo por algunos campers y uno que otro camping. Claro, no me imaginaba lo que sucederia solo dos dias despues, cuando las carpas se alineaban en tres filas, improvisando calles cual asentamiento humano de pitucos. El colmo llego la mañana del primero de enero, cuando dormitando mi resaca, oi a traves de la tela de la carpa dos gritos ¡horriblemente terrorificos!...¡Tamales!...¡Comercio, Expreso, La Republica...! Sin duda el Presidente Gonzalo habia logrado este comportamiento gregario de la sociedad campamentera que cambiaba paz y soledad por seguridad. Desde ese dia comenze a contar las rejas de las residencias de la gran Lima: una ciudad presidio.

Hasta que la paz llego nuevamente al Peru, sin prisa, pero sin pausa. Poco a poco las playas del norte han comenzado a revivir, fiesta tras fiesta, vemos como llega mas gente.

Sin embargo en los primeros años de la paz, ese comportamiento social, seguia manifestandose. Hace solo tres veranos atras, buscando cargarme de naturaleza, acampe en una playa solitaria. Al dia siguiente otro camping se ubico al otro lado de la playa, y asi poco a poco la playa se fue poblando, hasta convertirse en un mini Chepeconde, felizmente de una sola fila. Cuando subi a una colina dominante, vi con sorpresa que las otras bellas playas cinco kilometros al sur y cinco kilometros al norte estaban vacias. Comprendi entonces, que habia sido la base de una seguridad efimera...por que a decir verdad no estaba en condiciones de proteger a nadie mas que a mi mismo y a mi familia, ya que el enemigo dejo de ser el "Cacheton" y sus huestes, sino mas bien una suerte de desadaptados campistas, que lucian cuatrimotos y sendas camionetas por la orilla de la playa, frente a mi carpa, territorio que solo dias antes era el bastion de un placido veraneo en familia.

El año pasado, sali decidido a un cambio radical en pos del solaz espacimiento. Seleccione una pequeña playa solitaria y algo hostilizada por el viento donde solo pudiera entrar nuestro pequeño grupo de amigos y...¡Eureka! nadie mas nos invadio. Nuestras carpas y toldos, cocinas, lamparas, coolers, colchonetas, sillas coparon la playita y pasamos unos dias extraordinarios entre amigos. ¡Que diferencia con aquellos años de la carpita sin piso y el primux empotrado en la lata de aceite!

Pero...hoy el pescado escasea, ya no es como antes, nade mucho mas y me esforze enormemente, gracias a los bomberos, marisqueros con arpon y redes para nada selectivas. Felizmente el mar me ayudo y soy un pescador con experiencia y pude conseguir buena una buena pesca de cabrillas y pintadillas con las que hice de todo, cebiche, pescado al olivo, pescado a la parrilla, jalea, etc, etc, etc.

Finalmente regrese con mas de la mitad de los viveres con que me habia provisto. Cargado de energias y dispuesto a contarles a todos de manera resumida lo que han sido estos largos ventiseis años de campamentos al lado del mar.

¡Ah!...olvide la anecdota del fin de año: Un grupo sordido de cinco seres humanos llego pasada la medianoche dejando una camioneta sospechosamente cerca del camping, mientras los cinco personajes corrian a lo largo de la orilla en un aparente intento de rodeo. Alertas ante los "intrusos" los que estaban despiertos avisaron al escuadron de "Baywacht", que armado y presto salio a descubir que el chofer de la camioneta sospechosa, dormia cual papa esperando a unos pescadores que lo habian contratado en Barranca. Corrimos a ver donde estaban los pescadores y con las linternas iluminamos su trabajo en la orilla de la playita aledaña, mientras escuchabamos: ¡Oe idota...apaga tu luz que no nos dejas ver la red!

Recorde entonces que a final de cuentas, los intrusos...eramos nosotros.

FIN