Del arpón a la conservación: La evolución de un paradigma subacuático

Autor: Francisco J. Miranda Avalos, Presidente de la J. Directiva de Oannes

jueves 24 de septiembre de 2026

Del arpón a la conservación: La evolución de un paradigma subacuático

Disfrutando la pesca del día, foto de “El mundo del silencio (1953)” de Jacques Yves Cousteau.


El filósofo e hispanista George Santayana (1863–1952), escribió en 1905 en su libro La vida de la razón (The Life of Reason) una frase célebre: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Sin embargo esta frase se atribuye por confusión también a Winston Churchill, Edmund Burke e incluso a Karl Marx. Pero Santayana fue quien acuñó la frase.


En su libro, Santayana examina cómo la mente humana surge a partir de los instintos biológicos básicos y cómo el «sentido común» transforma la experiencia caótica en conocimiento útil. Santayana tiene una postura naturalista: la mente y la razón no son entes espirituales ni divinos, sino herramientas evolucionadas para sobrevivir y organizar los deseos humanos. La razón no se opone al instinto, sino que nace de él. Es el mecanismo mediante el cual el ser humano organiza sus impulsos primarios y encontrados para lograr una vida armónica y con propósito. El sentido común es la facultad mental que toma esas sensaciones abstractas y construye objetos, causas, identidades y conceptos permanentes para poder interactuar con el mundo físico. Santayana argumenta que la memoria es indispensable para la razón: si no recordamos lo vivido ni aprendemos de los resultados de nuestras acciones, quedamos atrapados en una repetición ciega de impulsos e impresiones aisladas. Sostiene que el propósito de la mente humana es crear valores, arte, moral y belleza. Donde la razón es el puente que une la materia con el ideal.


Pero hoy no vamos a hablar de filosofía, sino más bien de la historia de un debate histórico fundamental dentro del pensamiento ambiental. En la teoría ecológica, existen dos líneas básicas, el proteccionismo (o preservacionismo) y el conservacionismo.


El Preservacionismo (o proteccionismo): Sostiene que la naturaleza tiene un valor intrínseco (existe por sí misma y para sí misma, no para el ser humano). Prioriza la no intervención humana, la creación de reservas estrictas y la contemplación. Su referente histórico principal fue John Muir (fundador del Sierra Club en EE. UU.).


El Conservacionismo (o uso sostenible): Sostiene un valor utilitario de la naturaleza. Plantea que la biodiversidad debe gestionarse con base en la ciencia para maximizar el bienestar humano de forma duradera sin agotar los recursos. Su referente histórico fue Gifford Pinchot (primer director del Servicio Forestal de EE. UU.).


Y aunque existen otras visiones del ecologismo, más allá de este eje clásico (Preservación vs. Conservación), la filosofía y la política ambiental se han diversificado en otras posturas clave como la Ecología Profunda (Deep Ecology), el Ecomodernismo (o Tecno-optimismo), la Ecología Social y Derechos de la Naturaleza basados en Cosmovisiones Indígenas; las vamos únicamente a mencionar, sin profundizar.


La lucha entre las dos posiciones básicas del ecologismo, tiene una larga historia que los peruanos debemos comprender, cada posición tiene sus argumentos, pero el Proteccionismo o Preservacionismo, ha creado algunos mitos que vale la pena analizar por qué manipulan la historia y pretenden crear ídolos inmaculados, que no lo son y que más bien su evolución conceptual y rectificación histórica nos muestran su mejor faceta.


Entre 1930 y 1940, en un Mediterráneo que parecía inagotable, Jacques Ives Cousteau comenzó su idilio con el mar a través de la caza submarina a pulmón. Junto a figuras como Frédéric Dumas y Philippe Tailliez (los tres mosqueteros del mar), utilizaba el arpón como principal herramienta de exploración. Durante este período, la captura de grandes meros (Epinephelus marginatus) era habitual. La relación con estos animales fluctuó desde la afición extractiva hasta la fascinación biológica.


De la misma forma, pocos recuerdan que para sostener las costosas operaciones del buque Calypso a comienzos de la década de 1950, Cousteau recurrió a fondos de la industria de los hidrocarburos. Compañías petroleras como la British Petroleum (BP) y otras contrataron al Calypso para realizar estudios geológicos y cartografía del fondo marino en la búsqueda de yacimientos de petróleo en el Golfo Pérsico (como en Abu Dabi), por ejemplo. Aunque aparentemente contradictoria para el ícono ambientalista en el que luego Cousteau se convertiría, fue la industria de los hidrocarburos la que financió la tecnología e infraestructura con la que más tarde descubriría y documentaría la fragilidad de los océanos.


En 1959, Cousteau cofundó la Confederación Mundial de Actividades Subacuáticas (CMAS) y asumió su presidencia. No obstante, las tensiones internas no tardaron en surgir. Mientras la CMAS promovía la pesca submarina como una disciplina deportiva competitiva, la postura de Cousteau viraba drásticamente hacia la protección estricta y el rechazo a la pesca competitiva, lo que provocó su distanciamiento y posterior dimisión.


Reconocer todos estos hitos históricos no busca desmerecer la figura de Cousteau, sino poner en valor la capacidad humana de corregir el rumbo. Su legado no reside en una pureza ecológica desde el día uno, sino en el despertar de una conciencia marina a partir del conocimiento directo del medio. 


La pesca submarina a pulmón es estigmatizada en la actualidad por Proteccionistas. Sin embargo practicada de forma ética, destaca como una de los metodos de pesca más sostenibles, porque el pescador a pulmón identifica la especie, evalúa el tamaño antes de capturarla y no genera captura incidental, ni altera el sustrato. Hoy en Perú, un grupo de pescadores a pulmón y otros buzos que se han unido al esfuerzo, aportan fotos a un proyecto de Ciencia Ciudadana, participando en un nuevo deporte: la “Pescafotosub”, 100% iniciativa original de peruanos, que organiza y promueve Oannes.


Esta caza fotográfica submarina convierte a los practicantes en observadores clave para el monitoreo costero permitiendo con sus registros identificar y censar especies en ecosistemas rocosos, evaluar el estado de biodiversidad en tiempo real, facilitar datos empíricos para fijar tallas mínimas y periodos de veda efectivos.


La historia del descubrimiento marino y la conservación moderna, están profundamente entrelazadas con la evolución personal de sus grandes pioneros, y pocas historias resultan tan reveladoras como la de Jacques-Yves Cousteau, aunque algunos pretendan olvidar o ignorar sus inicios. Cousteau seguirá siendo recordado hoy como el patriarca de la divulgación oceánica, no nació siendo un ecologista convencido, sino un intrépido explorador impulsado por la curiosidad, el deseo de aventura y la necesidad de financiamiento. Comprender su legado exige mirar sin prejuicios sus comienzos, donde la apasionada búsqueda de respuestas lo llevó a cometer errores, tomar decisiones pragmáticas y, finalmente, cambiar la percepción mundial sobre los mares. Esta dinámica inicial entre la cámara de Cousteau y el arpón de Dumas fue, paradójicamente, el embrión de la cinematografía subacuática moderna, donde la captura del animal cedió el paso gradualmente a la captura de su imagen.


Antes de fundar Oannes, pase por las aulas de la Facultad de Oceanografía y Pesquería de la Universidad Nacional Federico Villareal, y precisamente la promoción de la que formo parte, se llama “Philippe Cousteau” (1979), nombre que elegimos en honor a uno de los hijos de Jacques, que inició una nueva era de exploración fílmica y fotográfica del mar. En 1982 Jacques en persona, se tomo el tiempo de visitar nuestras aulas y tomarse fotos con la promoción y otros alumnos de la universidad durante su visita a Lima, Perú; cuando vino para coordinar y explicar los objetivos científicos del proyecto de expedición al río Amazonas, solicitar el apoyo logístico del país y gestionar los permisos correspondientes para la misión, la cual se llevó a cabo entre 1982 y 1983 dando origen a su serie documental sobre la cuenca amazónica.


Los seres humanos que valen son los que son capaces de aprender de sus errores, comenzando por reconocerlos. Los que amamos la pesca submarina y creemos firmemente que es un deporte fantástico, no solo por que puedes alimentarte de tus capturas, sino por todo lo que hay entorno a el; debemos también darnos cuenta que lo que hemos aprendido debe transmitirse a las próximas generaciones. Hace 40 años, éramos solo 100 o 120 buzos en todo el Perú, hoy la cifra supera los 5,000 y muchos de nuestros colegas cometen los mismos errores que nosotros cometimos, sin diferenciar claramente el deporte, de la actividad comercial o de supervivencia.


Muchas pesquerías pueden llegar a ser sostenibles en el tiempo, la de la cabrilla, trambollo, loros, chita, lenguado, corvina o meros, pero primero debemos comprender su ciclo biológico y por supuesto su importancia ecológica, eso significa ponerse serio en la materia, fomentar la investigación, apoyar el desarrollo la acuicultura de especies nativas y comprender la importancia del problema. Hoy en día, existen cotos de caza en tierra, que mantienen poblaciones, temporadas de cacería y cuotas, con licencias pagas, que normalmente sostienen la investigación que permite que determinadas especies no desaparezcan, sino que además tengan poblaciones sanas. 


Muchas personas que practican nuestro deporte, por ejemplo, no saben que los meros son hermafroditas y longevos, y que cuando matamos a los grandes meros, matamos a un reproductor producto de una extraordinaria evolución. Tampoco saben que los animales grandes de una especie, generalmente son precisamente las joyas evolutivas, al matarlos eliminamos todo ese contenido genético que los hizo llegar hasta esa edad. Por eso muchos estudios recomiendan que la cacería o pesca sostenible se concentre en los individuos medianos, es decir no eliminar individuos juveniles, ni tampoco los grandes adultos. 


La pesca submarina en apnea es un deporte del que estoy orgulloso, nadie me quita lo vivido y no renegare jamás de esta actividad, pero sí podemos evolucionar en conceptos selectivos y sostenibles, además de aportar nuestra experiencia para que las nuevas generaciones no cometan los mismos errores. 


La alta sensibilidad después del derrame de Ventanilla, respecto a la industria de hidrocarburos, hizo que muchos satanizaran la actividad, sobretodo los Proteccionistas, alimentando lemas como “Pesca si, petroleo no”, que niegan la posibilidad de explorar y explotar los fondos marinos con alta tecnología para extraer sus recursos, no solo hidrocarburos. Pero es un error que el “sentido común” podría corregir si realmente fuese el más importante de nuestros sentidos. Existe una logica simple que no queremos comprender; los ingresos que proporcionan recursos que se agotan o “renovables” deben alimentar el desarrollo de actividades basadas en “recursos renovables”. Y por si fuera poco la historia nos dice que estos recursos fertilizaron la semilla de la exploración biológica del mar.


Los accidentes y derrames, no son frecuentes, aunque muchos pretendan hacernos creer que es así, claro cuando suceden, pueden ser catastroficos. Pero la única constante es la falta de consideración de estándares de seguridad y el respeto que debemos tener a esto. La industria alimentaria ha enfrentado muchas veces el mismo problema, si no se respetan seriamente los estándares sanitarios de inocuidad, los alimentos podrían convertirse en venenos. Pero necesitamos alimentar una enorme población en crecimiento, entonces el “sentido común” nos hace poner énfasis en el respeto a los estándares de seguridad para poder seguir produciendo alimentos, cada vez con mayor tecnología que asegure la calidad y la producción masiva. Nadie piensa en que es una opción no alimentarse. 


Para crecer, el país requiere usar sus recursos naturales del mar y en ello la tecnología juega su mayor partido, los estándares de calidad para la extracción de hidrocarburos sin duda que deben ser los mejores, y si queremos fondos de inversión provenientes de recursos “no renovables” para promover el desarrollo de una industria basada en “recursos renovables” del medio acuático, ni una gota de hidrocarburos debe llegar al mar o cualquier sistema hídrico. Y si sucede, los responsables deben reparar el daño, además de compensar a los afectados, sean personas o el estado mismo. Pero el estado debe estar preparado.


La experiencia de Ventanilla, nos enseño que improvisar no es un buen camino. Las empresas de hidrocarburos pagan seguros que cubren gastos y compensaciones ante un desastre. Pero estas compensaciones no deben ser un repartijo indiscriminado, que hace que algunos delincuentes o falsos agraviados se beneficien del caos o la improvisación. Estas compensaciones podrían ser correctamente orientadas con “sentido común”, por ejemplo; apoyar un proyecto de acuicultura de peces nativos en sistema cerrado (RAS), haría la diferencia entre una dádiva culposa y el desarrollo futuro de una industria renovable. Se repartieron más de 1,000 millones de Soles en compensaciones. 


Despues del desastre de Ventanilla, Repsol informó que había destinado más de 1.000 millones de Soles en total para responder al desastre ambiental. Esto no fue un “pago único al Estado”, sino la suma global que incluyo: Pagos de compensaciones económicas directas a más de 10.000 personas afectadas (pescadores, comerciantes, artesanos, etc.), gastos operativos de contención, limpieza y remediación de playas y mar, estudios científicos y monitoreos ambientales. Sin embargo en el plano de la reparación civil al Estado Peruano, la empresa propuso, para evitar un juicio prolongado; un acuerdo que se cifró en 128 millones de Dólares; que equivalen a unos 480 a 490 millones de Soles destinados exclusivamente como indemnización civil a favor del Estado. 


¿Que paso con este dinero? ¿Que hizo el estado con el?. 20 o 30 millones de dólares bien invertidos en un proyecto de desarrollo de acuicultura, habría significado un legado muy interesante. Sin embargo, el dinero no ingresó nunca a las arcas del estado, el acuerdo fue frenado en el Poder Judicial y no llegó a ejecutarse porque un juez de primera instancia rechazó el acuerdo transaccional, argumentando discrepancias sobre la valoración de los daños ambientales y cuestionamientos al procedimiento. Aunque la Procuraduría y Repsol apelaron la decisión para intentar validar el acuerdo, el proceso quedó atrapado en un entramado judicial.


Si el Poder Judicial finalmente aprobase el cobro o si se ganase un juicio por esta u otra cifra, el marco legal peruano establece que: A menos que el Congreso o el Ejecutivo dicten una ley de afectación específica (o creen un fideicomiso especial), las reparaciones civiles que recibe el Estado entran a la caja general del Tesoro Público (Ministerio de Economía y Finanzas) terminando en una dilución presupuestal. Es decir, una vez en el tesoro publico, el dinero pierde su "etiqueta" y se disuelve en el Presupuesto General de la República para pagar gastos corrientes, deuda o proyectos no relacionados directamente con el mar afectado.


Asignar entre 20 y 30 millones de dólares, solo por decir una cifra,  para crear un polo de desarrollo acuícola (maricultura de concha de abanico, peces marinos, parques tecnológicos pesqueros o modernización de desembarcaderos) en la zona de Ventanilla, Ancón, Aucallama y Chancay habría sido una estrategia de reconversión y compensacion productiva ejemplar.


Esta visión, sin embargo, chocó con tres grandes barreras: 1) La burocracia estatal suele responder a emergencias con subsidios inmediatos o bonos temporales, en lugar de diseñar fideicomisos intangibles destinados a reconversión productiva a largo plazo. 2) Gran parte del debate entre los gremios de pescadores y las autoridades se centró en la exigencia de repartos en efectivo e indemnizaciones individuales directas por lucro cesante, lo que restó espacio a proyectos de infraestructura colectiva duradera. 3) Y finalmente, ni el Ministerio de la Producción (PRODUCE) ni el MINAM articularon un fideicomiso de desarrollo económico para la zona afectada que supeditara los cobros a la ejecución de proyectos acuícolas o científicos de gran escala.


Pensar que prohibiendo el desarrollo de una industria de extracción de recursos no renovables, esta no existirá, es una utopía. En algún momento de la historia ciertos recursos se necesitaran y habrá que explotarlos, mejor conciliar ahora pensado que podemos trasladar los beneficios de una industria de recursos no renovables  para crear una industria basada en los recursos renovables. Esta idea esta plasmada en la propuesta de Oannes, de la creacion del “Fondo Soberano del Mar de Grau”. 


Muchos comentarios que leemos me acusan de soñador, aunque soñar podria significar ser visionario. ¿Dónde está mi ética ecologista? se preguntaran otros rasgándose las vestiduras. Asi que respondere recordando la historia de unos de los mas importantes ecologistas de la historia, diciendo lo que quizá Cousteau no fue capaz de decir: “solo no comete errores, el que jamás hace algo” y de los errores al igual que de la historia aprendemos, finalmente con ello, los humanos desarrollamos nuestro pragmatico “sentido común” y evolucionamos.