
La anchoveta peruana en 2025: pilar de la pesca mundial, desafíos y avances hacia la sostenibilidad
Autor: Francisco J. Miranda Avalos, Presidente de la Junta Directiva de Oannes
lunes 11 de agosto de 2025
La anchoveta peruana (Engraulis ringens) es un recurso fundamental no solo para la economía del Perú sino para la seguridad alimentaria global. Desde principios del siglo XX, esta especie ha sido la base de la industria mundial de harina y aceite de pescado, ingredientes usados principalmente en la acuicultura y la alimentación animal, aunque es posible usarlos en el combate de la malnutrición humana. De hecho, ancestralmente la anchoveta ha sido secada por el poblador peruano, para poder usarla como fertilizante o como reserva alimenticia en tiempos de escasez, algo que revela claramente la importancia del recurso para el país a lo largo de su historia.
Un reciente informe 2025 de la FAO ofrece una evaluación muy detallada y actualizada sobre las poblaciones de peces marinos, destacando la importancia y los desafíos de la pesquería de anchoveta. Entre 2010 y 2021, la anchoveta peruana produjo capturas anuales que oscilaron entre 3,1 y 8,3 millones de toneladas, representando un porcentaje considerable de las capturas mundiales. El manejo de una pesquería se aprende con errores y aciertos. En 1971, las capturas superaron los 13 millones de toneladas, y se puso en riesgo el recurso. Sin embargo, la magnitud histórica y económica del recurso para el país, es evidente.
La sostenibilidad de la pesquería de anchoveta es esencial para la generación de empleo y actividad económica en las zonas costeras, generando aportes directos al Producto Bruto Interno peruano. En 2025, el sector pesquero extractivo aportó cerca del 1% del PBI peruano, con un fuerte crecimiento de 33.7% registrado solo en junio de 2025, principalmente por el aumento en la captura destinada al consumo humano indirecto.
El ciclo natural de la anchoveta está muy influenciado por diversos fenómenos climáticos como el ENSO (El Niño Southern Oscillation) o variaciones oceanográficas diversas. Durante los brotes cíclicos de la población, la biomasa total puede llegar a 20 millones de toneladas, pero en años afectados por El Niño, la biomasa y las capturas se reducen drásticamente, como se evidenció en 1972 cuando las capturas descendieron a 4,4 millones de toneladas desde promedios superiores a 12 millones.
El aprendizaje de estas fluctuaciones extremas, motivó la implementación de políticas de manejo pesquero precautorio que respondieran a estas vulnerabilidades, con énfasis en la sostenibilidad a largo plazo y la conservación del ecosistema, que le importa a todos, pescadores, empresarios, financistas, compradores, etc. El colapso de la pesquería en 1972 fue una conjunción de factores: sobrepesca sin control y un impacto severo del fenómeno El Niño. Con consecuencias sociales, económicas y ecológicas profundas, que afectaron duramente a la industria de harina de pescado, generando desempleo y crisis socioeconómica en las comunidades costeras, además de una disminución significativa en la producción de guano por la menor alimentación de aves marinas dependientes de la anchoveta. Pero la crisis fue la base mejorar las políticas de administración de la pesquería.
Para evitar la repetición de este tipo de eventos catastróficos, el Perú desarrolló un robusto sistema de gestión que tiene a la política de cuotas como eje central. Desde los años 70 existieron medidas regulatorias mejoradas, pero la gestión moderna y exitosa realmente empieza a consolidarse con la creación en 2008 del sistema de cuotas individuales de captura, asignadas a cada embarcación industrial según historial y características, bajo un límite máximo total anual basado en evaluaciones científicas del Instituto del Mar del Perú (IMARPE).
Este sistema se complementaba con estrictos mecanismos de control satelital (SISESAT), existentes antes de la implementación del sistema de cuotas, monitoreo biológico, cierres temporales y regulaciones de talla mínima, la creación de una bitácora electrónica, que permiten una explotación controlada y adaptativa del recurso.
El sistema ha generado importantes beneficios:
- Se redujo la presión pesquera y la competencia feroz entre barcos.
- Las temporadas de pesca se ampliaron en duración, disminuyendo la intensidad diaria.
- Se mejoró la eficiencia productiva y se redujo el impacto ambiental, con menor consumo de combustible y emisiones.
- Se fortaleció la seguridad y condiciones laborales.
- Se logró una redistribución del valor económico con apoyo para trabajadores afectados por la reconversión laboral.
Hoy, organismos internacionales como la FAO, OCDE y CEPAL reconocen a Perú como modelo mundial de gestión pesquera sostenible, destacando el liderazgo científico del IMARPE y la transparencia administrativa.
En 2025, la “biomasa observada” de anchoveta fue estimada en 11 millones de toneladas, el nivel más alto desde 1996. Permitiendo fijar una cuota total máxima para la primera temporada en la zona Norte-Centro de 3 millones de toneladas, la segunda más alta en más de una década. Sin embargo, a pesar de un comienzo alentador, ante la intromisión de aguas con diferentes características oceanográficas; la temporada de pesca se fue complicando para los pescadores, dispersando el recurso y presentando de un elevado porcentaje de juveniles en las capturas. Finalmente, el Ministerio de la Producción (PRODUCE) decidió cerrar anticipadamente la temporada el 24 de julio para preservar el stock reproductivo.
La captura final de la primera temporada de anchoveta centro-norte fue de aproximadamente 2.46 millones de toneladas, es decir, el 81.9% de la cuota establecida, decisión considerada ejemplar en manejo precautorio y basada en evidencia científica. Esta medida garantiza la sostenibilidad y la renovación poblacional a futuro.
Históricamente, el 99% de la anchoveta peruana se destinó a harina y aceite de pescado para la acuicultura global, mientras solo un 1% al consumo humano directo. No obstante, desde principios de los 2000 Perú impulsa una política para fomentar el consumo humano, promoviendo productos diversos y campañas públicas, lo que ha duplicado
progresivamente la porción consumida directamente.
Este avance contribuye a diversificar la industria, mejorar la nutrición local y reducir la dependencia exclusiva de la industria globalizada.
La anchoveta peruana suministra alrededor del 20% de harina y aceite de pescado mundial. Esta cadena de producción es esencial para la alimentación de millones de personas mediante la acuicultura y otras crianzas, contribuyendo con micronutrientes y omega-3. Su manejo sostenible impacta de manera decisiva en los mercados globales y en la reducción de la inseguridad alimentaria.
Pero en la pesquería peruana de anchoveta aún existen desafíos como:
- Incrementar la formalización y regulación de la pesca artesanal y de pequeña escala.
- Mantener y ampliar el financiamiento para la investigación científica y monitoreo ambiental.
- Innovar en incentivos para el consumo humano y la inclusión social.
- Comprender los efectos del cambio climático y la variabilidad oceánica, vinculando a todos los actores en el diálogo técnico.
- Comprender que la dinámica de la información, requiere de una adaptación permanente.
La pesquería de anchoveta peruana es un caso emblemático de cómo la gestión basada en ciencia rigurosa y el compromiso político pueden preservar recursos naturales vitales, mientras se sostiene una industria clave y se contribuye a la seguridad alimentaria mundial.
La política de cuotas implantada desde 2008 ha sido esencial para estabilizar el recurso y el sector pesquero, permitiendo respuestas rápidas y adaptativas, como el cierre anticipado de 2025, que privilegia la renovación natural y la sustentabilidad a largo plazo.
Con este aprendizaje constante y adaptaciones continuas, Perú reafirma su liderazgo mundial en pesca sostenible y ofrece un modelo, no solo para otras pesquerías peruanas, sino también para otros países enfrentan el desafío de conservar sus recursos marinos.