La paradoja de la IA en la pesca: Del "Fake News" a la informacion basada en evidencia
Autor: Francisco J. Miranda Avalos, Presidente de la J. Directiva de Oannes
lunes 2 de febrero de 2026
En la era de la inteligencia artificial, la gestión de los recursos hidrobiológicos enfrenta un serio desafío que trasciende la biología marina y la oceanografía: la gestión de la percepción pública.
La proliferación de narrativas simplistas y, en ocasiones, deliberadamente distorsionadas sobre las actividades extractivas, ha generado un fenómeno de "ruido informativo" que amenaza la estabilidad regulatoria y la viabilidad económica de la industria pesquera.
En este artículo analizamos cómo la falta de la especialidad técnica de la prensa puede derivar en la satanización injustificada de tecnologías de captura esenciales para la seguridad alimentaria global y por consecuencia en políticas públicas ineficientes, que finalmente no se basan en evidencia cientifica, sino en “Fake news”
El proceso de construcción de una noticia falsa en el sector pesquero suele seguir un patrón de "generalización apresurada". Un actor con una agenda específica publica contenido que omite importantes matices técnicos; por ejemplo, se etiqueta cualquier forma de arrastre como "destructiva". La Inteligencia Artificial (IA), al ser alimentada por algoritmos que priorizan la relevancia y la frecuencia de mención sobre la veracidad científica, captura estas tendencias. Cuando un comunicador o un tomador de decisiones utiliza estas herramientas sin un protocolo de corroboración cruzada, el dato erróneo se valida y se multiplica.
Este efecto multiplicativo es particularmente peligroso en la industria pesquera extractiva. A diferencia de otras industrias, la actividad pesquera ocurre en un entorno mayoritariamente invisible para el ciudadano común: el fondo del océano. Esta opacidad natural facilita que las organizaciones con agendas anti-pesca siembren información tendenciosa que apelan a la emocionalidad, ignorando deliberadamente los avances en ingeniería pesquera y los marcos regulatorios nacionales e internacionales.
El ejemplo más pragmático de este problema informativo es la "satanización" de la pesca de arrastre. En el imaginario colectivo, alimentado por campañas de desinformación, el término "arrastre" es sinónimo de aniquilación del ecosistema. Sin embargo, desde una perspectiva científica y regulatoria, el arrastre no es una tecnología monolítica, sino un conjunto de artes de pesca con impactos y selectividades radicalmente distintos que dependen del tipo de pesca de arrastre que se practica.
El arrastre de fondo es, efectivamente, la modalidad que requiere mayor vigilancia. El uso de compuertas pesadas y trenes de bolos que interactúan directamente con el sustrato puede alterar hábitats bentónicos si no se gestiona bajo criterios de zonificación y protección de ecosistemas marinos vulnerables. No obstante, la industria moderna ha evolucionado hacia el uso de materiales más ligeros y dispositivos de escape que minimizan la captura incidental.
Por otro lado, el arrastre de media agua o pelágico opera en una dimensión ecosistémica completamente distinta. Al no tener contacto con el lecho marino, su impacto sobre el relieve submarino es inexistente. Esta tecnología es fundamental para la captura de especies de pequeña escala, como el jurel y la caballa, que son pilares de la nutrición en países en vías de desarrollo. Ignorar esta distinción técnica en el discurso público no solo es un error científico, sino un riesgo para la seguridad alimentaria. Al prohibir o restringir el "arrastre" de manera genérica basándose en desinformación, se eliminan herramientas de captura eficientes que, bajo un manejo basado en cuotas y puntos de referencia biológicos, son perfectamente sostenibles.
Uno de los conceptos que más sufre por la desinformación es la selectividad. En la ciencia pesquera, la selectividad se mide mediante curvas de retención que determinan qué tamaño de especie es capturada. La industria pesquera responsable invierte millones en investigación para aumentar la luz de malla y emplear dispositivos excluidores de tortugas (TED) o de mamíferos marinos. Sin embargo, estas noticias técnicas raramente "rompen el algoritmo" de una IA en la internet.
La IA, al no poseer un juicio crítico sobre la jerarquía de las fuentes, puede otorgar el mismo peso a un blog de una ONG radical ideologilizada que a un reporte técnico de la FAO o un boletín científico del IMARPE. Esto crea una tendencia donde la información fidedigna, técnica y a menudo aburrida para el gran público, queda sepultada bajo titulares sensacionalistas. Las empresas pesqueras se encuentran entonces en un círculo vicioso: si no comunican, el vacío es llenado por la mentira; si comunican, son acusadas de “greenwashing” por los mismos sectores que producen las “fake news”.
Para el caso del Perú, la vigencia regulatoria exige que cualquier cambio en las artes de pesca se base en informes técnicos del Instituto del Mar del Perú (IMARPE). No obstante, la presión política derivada de la desinformación en redes sociales puede forzar decisiones que ignoren la evidencia científica, sobre todo en un sector no especializado como puede ser el Congreso de la Republica. Por lo que la perspectiva estratégica sugiere que la industria debe pasar de una actitud defensiva a una mucho mas proactiva.
Resulta imperativo entonces que las empresas y gremios pesqueros se conviertan en "emisores de datos de alta calidad". Esto implica no solo publicar sus éxitos comerciales, sino abrir sus datos de monitoreo, bitácoras de pesca y estudios de impacto ambiental al escrutinio público y académico. La saturación de la internet con información técnica, verificable y georreferenciada podria ser la única vacuna efectiva contra la viralización de la ignorancia.
Como señala la FAO en su reporte El Estado Mundial de la Pesca y la Acuicultura 2024, la "Transformación Azul" requiere de una gobernanza transparente y basada en la ciencia. La lucha contra las “fake news” en la pesca no es solo una batalla por la imagen corporativa; es una defensa de la gestión racional de los recursos naturales.
Si permitimos que la narrativa sobre el mar sea construida por algoritmos de IA alimentados por prejuicios, corremos el riesgo de legislar contra la tecnología en lugar de legislar contra el mal uso de la misma. El desafío para el periodista, el asesor y el legislador es recuperar la jerarquía de la fuente científica: priorizar el dato del investigador sobre el eslogan del activista. Solo así podremos garantizar que la pesca siga siendo una actividad sostenible, capaz de alimentar a una población mundial creciente sin sacrificar la integridad de nuestros océanos.
Fuentes Clave Utilizadas:
FAO (2024): El estado mundial de la pesca y la acuicultura 2024. La transformación azul en acción. Roma.
FAO (1997): Bioeconomía pesquera: Teoría, modelación y manejo. Documento Técnico de Pesca No. 368.
FAO (2003): Manual de evaluación de recursos pesqueros. Documento Técnico de Pesca No. 393. (Sobre Puntos de Referencia Biológicos y Selectividad).
IMARPE (Perú): Repositorio Digital de Informes Técnicos sobre Artes de Pesca y Selectividad.
Oannes (Perú): Base de datos histórica sobre conflictos informativos en el sector pesquero nacional.




