¿La pesca ya fue?: mitos, ciencia y futuro de la ingeniería pesquera en el Perú
Acuicultura, bioeconomía y arrastre selectivo en el siglo XXI
Autor: Francisco J. Miranda Avalos, Presidente de la J. Directiva de Oannes
martes 29 de septiembre de 2026
Diagrama red DEJUPA: Inidep, Argentina
Desde que el Perú descubrió el enorme potencial de su industria pesquera, optó por formar ingenieros pesqueros en sus universidades nacionales. Inicialmente, estos profesionales contaban con dos áreas principales de desempeño: Las faenas del mar (pesca extractiva): dedicada a la detección de cardúmenes, el diseño y manejo de artes y aparejos de pesca, la operación de embarcaciones y la tecnología a bordo. El procesamiento hidrobiológico: enfocado en la transformación industrial de los productos de la pesca en harina, aceite, conservas, curados (seco-salados), congelados y frescos.
A fines de la década de los setenta, la acuicultura comenzó a consolidarse como un campo emergente de acción profesional, surgiendo así una tercera rama de especialización. Con el paso del tiempo, las estadísticas globales de producción hidrobiológica de los últimos quince años han puesto en evidencia el notable auge de la acuicultura, la cual ha superado estadísticamente a la pesca extractiva como principal proveedora de productos acuáticos a nivel mundial. Sin embargo, en las aulas universitarias —tanto entre catedráticos como en estudiantes— comenzó a arraigarse una premisa errónea que escuchamos con frecuencia en nuestras visitas institucionales: «la pesca ya fue». La narrativa sugiere equivocadamente que especializarse en el sector extractivo es un destino profesional sin futuro porque «ya todo está hecho», afirmando que la única vía con proyección es la acuicultura y el procesamiento de sus productos. Esta visión constituye un craso error estratégico en la formación de los profesionales de las ciencias del mar, la pesca, la acuicultura y el medio ambiente, pues todas estas especialidades son de vital importancia y profundamente interdependientes.
La idea de que la acuicultura sustituirá a la pesca extractiva parte de un desconocimiento profundo de la ecología trófica y de la bioeconomía marina. La acuicultura moderna, especialmente la de mayor valor comercial y proyección global, no opera de forma aislada del océano. Los sistemas acuícolas globales dependen críticamente de insumos proteicos e hidrobiológicos de origen silvestre —como la harina y el aceite de pescado derivados de la anchoveta peruana (Engraulis ringens)— para la formulación de dietas balanceadas de alta calidad nutricional. Abandonar o descuidar la investigación y la gestión científica de la pesquería extractiva compromete directamente la sostenibilidad técnica y económica de la propia acuicultura a escala planetaria.
Por otro lado, la interacción entre ambas actividades trasciende el ámbito puramente nutricional. La gestión integrada de la zona costera, la prevención y control de patógenos transmisibles entre poblaciones silvestres y cultivadas, la genética para programas de repoblamiento y el monitoreo de la calidad ambiental son campos donde el ingeniero pesquero y el oceanógrafo aplicado resultan insustituibles. Pesca y acuicultura no son actividades excluyentes, sino pilares complementarios del sistema agroalimentario hidrobiológico.
Diversos análisis globales han puesto de relieve, que la demanda global de alimentos de origen marino se encuentra en su máximo histórico. La población mundial demanda proteínas de alto valor biológico, con baja huella de carbono y ricas en ácidos grasos esenciales (Omega-3). No obstante, el mercado internacional contemporáneo ya no tolera la extracción desmedida ni la opacidad en las cadenas de suministro. Hoy en día, comercializar captura silvestre exige los más altos estándares de sostenibilidad: Certificación de pesca responsable, trazabilidad digital en tiempo real, reducción radical de la captura incidental (bycatch), mitigación de impactos sobre el bentos y la estructura del hábitat, combate frontal contra la Pesca Ilegal, No Declarada y No Reglamentada (INDNR).
Administrar pesquerías bajo estas exigencias globales requiere profesionales de élite con sólidos conocimientos en tecnología pesquera, regulación ambiental, gobernanza y diplomacia corporativa e internacional. Afirmar que en la pesca extractiva «ya está todo hecho» evidencia una ceguera técnica ante la complejidad del ecosistema de la Corriente de Humboldt. El Mar Peruano es uno de los espacios marinos más productivos, pero también uno de los más dinámicos e impredecibles del planeta, sujeto a las fluctuaciones del ciclo El Niño-Oscilación del Sur (ENSO) y a cambios decadales en las masas de agua.
La administración de recursos hidrobiológicos no se limita a calcular cuánta biomasa se puede extraer. Exige modelar interacciones sistémicas complejas donde convergen la dinámica poblacional, la distribución espacial de la flota, los costos de operación, los precios del mercado intertemporal, la captura por unidad de esfuerzo (CPUE) y los costos de transacción, vigilancia y fiscalización.
Ante eventos de variabilidad climática severa (como El Niño costero o extraordinario), el Perú no necesita administradores pasivos; requiere científicos e ingenieros pesqueros capacitados en modelamiento bioeconómico dinámico y en la aplicación del enfoque precautorio para evitar colapsos poblacionales y pérdidas económicas catastróficas.
Para mantener el liderazgo pesquero mundial y garantizar la soberanía alimentaria nacional, la academia y las universidades del Perú deben reestructurar con urgencia la formación profesional hacia cuatro perfiles especializados de alto nivel:
A) Especialistas en Evaluación Científica de Recursos y Bioeconomía Pesquera: Profesionales capaces de desarrollar modelos estocásticos y dinámicos que integren la biología poblacional con las variables socioeconómicas y los incentivos del mercado, garantizando capturas sostenibles y maximizando la renta económica para la sociedad.
B) Ingenieros de Operaciones Pesqueras y Selectividad Tecnológica: Tecnólogos enfocados en el diseño de artes de pesca altamente selectivos, la eficiencia energética a bordo, la reducción de la huella de carbono de la flota y la digitalización de las faenas marinas.
C) Oceanógrafos Pesqueros y Expertos en Cambio Climático: Investigadores dedicados a interpretar la interacción océano-atmósfera, el monitoreo satelital de masas de agua, los afloramientos y el impacto del ENSO en la distribución espacial de los recursos bentónicos y pelágicos.
D) Gestores de Gobernanza, Regulación y Consumo Humano Directo (CHD): Expertos regulatorios orientados a fortalecer el marco legal, optimizar las cadenas de frío y procesamiento para el consumo humano, garantizar la inocuidad alimentaria y proteger la Zona Económica Exclusiva (ZEE) peruana.
A lo largo de sus 30 años de trayectoria, Oannes ha explicado que la idea de que la pesca extractiva es una disciplina del pasado es un peligroso mito que debilita el capital humano que el Perú requiere para administrar su mayor riqueza natural. La pesca del siglo XXI no es una simple recolección de peces; es una ciencia aplicada multidisciplinaria que exige rigor bioeconómico, responsabilidad ambiental y capacidad tecnológica de vanguardia.
Corresponde a la academia, al Estado (PRODUCE, IMARPE) y al sector empresarial privado trabajar conjuntamente para renovar los currículos universitarios, prestigiar la profesión del ingeniero pesquero y capacitar a las nuevas generaciones de científicos del mar que velarán por la sostenibilidad de nuestro océano en las décadas por venir.
El 8 de junio de 2026, el diario The New York Times publicó un artículo de Paul Greenberg titulado «3,000 Species Are Killed for Supper. Why Do We Allow It?». En dicho texto, Greenberg argumenta que la pesca de arrastre de fondo (bottom trawling) es una práctica industrial altamente destructiva que debería prohibirse o someterse a regulaciones drásticas, de forma análoga a la prohibición de la caza comercial de ballenas o al uso del insecticida DDT.Greenberg destaca que el arrastre aporta aproximadamente una cuarta parte de los productos hidrobiológicos del mundo. Greenberg, sostiene que estas redes matan o mutilan todo a su paso, cobrándose unos 19 millones de toneladas de vida marina al año y más de 6 a 7 millones de toneladas de descartes (bycatch) arrojados por la borda. Como evidencia científica, cita un estudio de la Universidad de Columbia Británica (Foster et al., 2026), afirmando que 3,000 especies son atrapadas anualmente en redes de arrastre y que al menos una de cada siete está en peligro de extinción.
Asimismo, Greenberg sostiene que el arrastre degrada los ecosistemas marinos, destruye pesquerías históricas (como el bacalao de Terranova) y es una de las modalidades con mayor intensidad de carbono. Rechaza la postura de científicos como Ray Hilborn, quienes defienden que la pesca de arrastre bien gestionada en fondos arenosos o fangosos es sostenible, argumentando que las concesiones ambientales rara vez logran proteger la biodiversidad.
Finalmente, sugiere prohibir el arrastre o implementar un etiquetado transparente que revele al consumidor cuántas especies murieron para llevar ese filete a su plato.
El 10 de septiembre de 2026, Max Mossler, Editor en Jefe de Sustainable Fisheries UW, realizó una revisión crítica del artículo de Greenberg, señalando que presenta imprecisiones científicas, sesgos metodológicos y una ausencia de análisis sobre el escenario contrafactual (es decir, qué ocurriría con el planeta si se prohibiera totalmente la pesca de arrastre).
Mossler puntualiza lo siguiente:
A) Greenberg cita de forma incorrecta a Foster et al. (2026). El estudio no indica que se atrapen 3,000 especies anualmente, sino que analizó un registro histórico acumulado desde 1955. La proporción de especies amenazadas según la UICN en dicho registro es de 1 en 10 (no 1 en 7), ya que Greenberg fusionó indebidamente las categorías de «amenazada» y «casi amenazada».
B) Eliminar la proteína obtenida por pesca de arrastre no destruye la demanda humana de alimento. Hilborn demuestra que sustituir ese volumen por proteína terrestre (vacuno, cerdo o pollo) requeriría deforestar unos 5 millones de kilómetros cuadrados de tierra (superficie equivalente a la India y México juntos), acelerando trágicamente la pérdida de biodiversidad tropical.
C) El pescado capturado mediante red de arrastre posee una huella de carbono sustancialmente menor que la carne de vacuno o el camarón de granja, y es comparable a la del pollo.
D) A diferencia de la agricultura terrestre (que elimina todos los niveles tróficos para implantar monocultivos), la pesca de arrastre sobre fondos de arena o lodo deja intactos los niveles tróficos primarios y secundarios (1 y 2).
E) EE. UU. importa entre el 62 % y 65 % de sus alimentos acuáticos (no el 80 %), y solo entre el 8 % y 12 % de dichos productos proviene de la pesca de arrastre, estando gran parte de esta última gestionada de manera sostenible y certificada por el Marine Stewardship Council (MSC).7.
Durante años, en Oannes hemos sostenido que la pesquería con redes de arrastre es profundamente incomprendida en el Perú. En nuestra pesquería más grande (la anchoveta) se opera casi exclusivamente con redes de cerco (purse seine) desde hace más de 60 años con muy poca innovación tecnológica. Además, diversos factores políticos han determinado una satanización histórica del arrastre como arte de pesca dinámico.
Para comprender este problema con rigor técnico, es necesario diferenciar las distintas tecnologías de captura en redes de arrastre: Arrastre de superficie, arrastre de media agua (pelágico) y arrastre de fondo (bentónico).
Los problemas ecológicos severos se concentran en el arrastre de fondo cuando se emplean trenes de bolos pesados o compuertas hidrodinámicamente deficientes que alteran el sustrato. No obstante, cuando se utilizan compuertas hidrodinámicas de última generación, se elimina el tren de bolos y se instalan dispositivos de escape y mallas selectivas, la situación cambia radicalmente. La investigación pesquera moderna ha desarrollado redes selectivas capaces de separar juveniles de adultos o de seleccionar la especie objetivo facilitando el escape de fauna acompañante, propiedad de la que carecen otros artes de pesca.
Asimismo, la modalidad de pesca a la pareja (arrastre entre dos embarcaciones) permite sumar la potencia de dos motores medianos con alta eficiencia energética. Muchos de los sistemas más avanzados de procesamiento y aprovechamiento integral de la materia prima a bordo funcionan de la mano con sistemas de arrastre en sus diversas variantes.
Anclarse en un único método de pesca le resta al Perú la versatilidad técnica y operativa que exige la variabilidad natural del Mar Peruano. Esta flexibilidad no solo debe promoverse desde la formación académica, ingeniería y la tecnología de flota, sino también desde un marco regulatorio moderno y dinámico que nos permita aprovechar con responsabilidad las oportunidades de nuestro océano cambiante.








