¿Mejores precios en la pota o mejor rentabilidad con eficiencia de captura?
Autor: Francisco J. Miranda Avalos, Presidente de la J. Directiva de Oannes
lunes 16 de febrero de 2026
Un reciente articulo sobre la pesqueria del calamar gigante (Dosidicus gigas) propone protocolos de cuotas y mayor fiscalización para evitar una crisis de precios. Sin embargo, aunque entrega un diagnóstico administrativo, falla en la dimensión económica y estratégica. Plantear que el problema se soluciona con burocracia es una visión incompleta, muy de escritorio; el pescador no vive de la "predictibilidad del protocolo", sino del margen operativo. Si el precio cae por una sobreoferta global liderada por China, la respuesta sostenible no es restringir el esfuerzo local, sino elevar la eficiencia de captura para que la rentabilidad persista incluso en mercados deprimidos.
Históricamente, hemos sostenido una tesis clara: el precio de la pota en el Perú no se decide en los Desembarcaderos Pesqueros Artesanales (DPA). Se decide en los muelles de Zhoushan, en los mercados de snacks en China, en las fábricas de reproceso de España o Italia, y en la distribución de mixturas de mariscos en el Caribe. La flota industrial extranjera opera más allá de la milla 201 con una eficiencia que la flota artesanal peruana, por restricciones impuestas bajo el romanticismo del "predominio manual" y el tamaño limitado de sus embarcaciones, no puede alcanzar. Mientras los agresivos competidores utilizan tecnología de congelamiento en alta mar, mecanización de líneas y detección satelital, el pescador peruano permanece anclado a una operatividad de baja escala y alta intensidad de mano de obra.
Cuando la flota extranjera satura el mercado global, la demanda por el producto peruano cae drásticamente y el precio se desploma. Ante una oferta masiva, ajustar cuotas o restringir faenas locales solo logra reducir aún más el ingreso del pescador, dejándole menos producto para vender en un mercado que ya paga poco. Para que la pesquería sea rentable, debemos dejar de diagnosticar el síntoma y tratar la enfermedad: la brecha de eficiencia de captura. La rentabilidad (R) es la diferencia entre el precio de venta (P) y el costo unitario de captura (C): R = P - C. Si el mercado fija un P bajo, la única variable bajo control de la industria nacional es reducir C mediante tres ejes de transformación estratégica.
El primer eje es la Mecanización Selectiva. El reglamento actual insiste en la línea potera manual, pero debemos transitar hacia sistemas de jigging mecanizado. Estas máquinas, utilizadas con éxito por las flotas de Japón y Corea, permiten mantener un ritmo de atracción constante e ininterrumpido, optimizando los picos de abundancia del recurso. Además, el ajuste de profundidad digital permite localizar la termoclina exacta y programar la máquina para operar solo en ese rango, eliminando el tiempo muerto de subir y bajar líneas a ciegas. La sostenibilidad no reside en pescar a mano, sino en respetar la cuota biológica con métodos eficientes que reduzcan riesgos laborales y lesiones musculoesqueléticas en la tripulación.
El segundo eje es la Tecnología de Conservación a Bordo. El gran problema de la pota peruana es la pérdida de calidad orgánica que limita su colocación en plantas de alto valor. La inversión debe dirigirse a sistemas de frío y procesamiento primario inmediato (limpieza y eviscerado rápido). El uso de Sistemas de Hielo Líquido (Slurry Ice) es fundamental; a diferencia del hielo en escamas tradicional que daña el tejido del calamar, el hielo líquido envuelve el producto y baja su temperatura a 0°C en minutos, bloqueando la degradación enzimática. Esto permite que el pescador negocie un mejor precio por "calidad de exportación" y no por "volumen de remate", diferenciándose del commodity chino.
El tercer eje es la Inteligencia Oceanográfica Proactiva. En lugar de esperar cuotas reactivas, las empresas y gremios pueden integrar sensores oceanográficos en sus propias flotas. La eficiencia de captura depende de encontrar el recurso con el menor consumo de combustible posible (g/kWh). El "cerebro de la operación" debe predecir la ubicación del stock para evitar faenas ciegas que disparan los costos. Esto se complementa con la transición a Sistemas LED de Espectro Variable para la atracción. El uso de frecuencias de luz verde y azul penetra mejor en la columna de agua y reduce el consumo de combustible de los generadores en un 40-60%, disminuyendo también la contaminación lumínica.
En el Perú existe una falacia de paternalismo normativo donde se sugiere que el Estado debe "afinar las reglas que regulan el esfuerzo". Sin embargo, el paternalismo estatal a menudo disfraza el atraso tecnológico. Al construir DPA millonarios que subsidian una ineficiencia operativa, el Estado perpetúa la vulnerabilidad del pescador ante las fluctuaciones de precio. Si queremos evitar una nueva crisis, el camino no es restringir el acceso a zonas latitudinales o burocratizar el cálculo de cuotas; el camino es la formalización tecnológica. La flota de calamar gigante debe dejar de ser "artesanal" en su precariedad para serlo solo en su escala, pero industrial en su tecnología y eficiencia.
La sostenibilidad de la pota no está en riesgo por falta de protocolos, sino por falta de competitividad. Una empresa pesquera eficiente puede soportar un precio bajo porque su costo de captura está optimizado. Una flota obsoleta, por más protegida que esté por reglamentos de exclusividad, quebrará ante la primera fluctuación del mercado global. Es hora de que la política pesquera peruana deje de mirar solo el ombligo del ordenamiento administrativo y empiece a mirar el horizonte de la competencia. La soberanía de nuestros recursos no se defiende con papeles, se defiende con barcos que pesquen mejor, más limpio y más barato que los de afuera.
Para que el pescador peruano deje de ser vulnerable a la volatilidad impuesta por el mercado chino, debe reducir su Costo de Captura por Unidad de Esfuerzo (CPUE). La solución no es pescar más tiempo, sino pescar con mayor precisión y menor gasto energético. Integrar un software sencillo donde se registre captura, temperatura superficial y profundidad permitiría predecir zonas de pesca y reducir las horas de navegación en búsqueda del recurso, que hoy representa el 70% del costo operativo. Esta propuesta no busca convertir la flota artesanal en una flota industrial de gran escala, sino en una flota artesanal de alta precisión.
Al reducir el costo de combustible y aumentar la calidad de la materia prima, la empresa pesquera peruana recupera su autonomía financiera. Como se ha sostenido consistentemente, la soberanía se ejerce siendo los mejores en el agua, no los más protegidos por leyes que perpetúan la ineficiencia tecnológica. Debemos transformar nuestra capacidad extractiva para asegurar que el recurso nacional no solo sea abundante en el mar, sino rentable en el muelle. El futuro de la pota depende de nuestra capacidad para evolucionar hacia un modelo de precisión que entienda que, en el mercado global del siglo XXI, la tecnología es la única defensa real contra la volatilidad de precios. Solo así el pescador peruano pasará de ser una víctima del mercado a ser un actor competitivo global.







