
Fuente: La Nacion, Buenos Aires
Argentina - La ciencia, de fiesta en la Antartida
Gabriela Navarra
lunes 15 de diciembre de 2003
Visita del secretario del área científica: viajó junto al director del Instituto Antártico
El ingeniero Tulio del Bono estuvo en Marambio para anunciar nueve proyectos sobre la región
Habrá estudios sobre cambio climático
Durante 2004, trabajarán 176 científicos
Pronto se cumplen 100 años de investigaciones argentinas en el continente blanco
BASE MARAMBIO.- Después de tres horas y cinco minutos de vuelo desde Río Gallegos, aterrizamos en la pista de tierra y ripio de mil metros de extensión de esta base, que luego de casi 34 años sigue siendo la única que puede recibir aviones de gran porte en la Antártida Argentina.
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Son las dos y diez de la mañana, pero es pleno día aquí, como ocurre durante algunos meses de primavera y todo el verano. El avión dejará su carga en la base y antes de las cinco de la mañana tendrá que partir otra vez, porque al elevarse la temperatura hay riesgos de que la pista no resista su sólida y pesada estructura.
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Todavía rugen los motores del Hércules C 130 de la Fuerza Aérea Argentina, y el ruido hace imposible cualquier conversación.
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Sin embargo, mirando los rostros de los pasajeros, casi indiferenciables envueltos en los trajes antifrío color naranja, se puede adivinar quiénes somos los que llegamos por primera vez al territorio sobre el que seguramente hemos pensado con asombro desde que éramos chicos, cuando lo veíamos allí dibujado, con forma de triángulo, en el sur del mapa de nuestra patria con el que nos enseñaban geografía en la escuela primaria.
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Ese territorio es el mismo que ahora, debajo de los pesados y abrigados borceguíes, estamos pisando. El corazón late fuerte; la emoción ahoga.
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Dicen que hace 10° bajo cero, aunque el frío no se nota porque prácticamente no hay viento. "Un día espectacular", comentan los habitantes de la base, cuya dotación de militares asciende a 28 hombres, pero que puede albergar hasta 130 personas.
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Uno de los que llegan por primera vez es el ingeniero Tulio del Bono, secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación (Secyt), quien no oculta su emoción mientras camina rumbo al edificio alojamiento de la base, por un sendero enmarcado en columnas naturales de hielo. Al cabo de casi un kilómetro de caminata se llega al edificio, donde al ingresar la diferencia de temperatura obliga a que nos quitemos buena parte del abrigo.
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"Es la primera vez que el Instituto Antártico Argentino (IAA) y la Secyt se asocian para hacer el llamado y la financiación conjunta de proyectos científicos -explica el director del IAA, doctor Sergio Marenssi-. Y también es la primera vez que los Proyectos Científicos y Tecnológicos Orientados
(Picto) se orientan directamente hacia temas antárticos . "
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Desayuno a la madrugada
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"Nunca antes había estado en un acto oficial ni tomado el desayuno a las tres menos cuarto de la mañana", murmura uno de los visitantes del equipo técnico de Del Bono, quien viajó a la Antártida junto a Hugo de Vido, secretario general del Consejo Federal de Ciencia y Tecnología de la Secyt.
Horas antes, en Río Gallegos, Del Bono y De Vido firmaron un compromiso para que Santa Cruz emprenda proyectos que aporten un valor agregado a los recursos gasíferos de la provincia.
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"Nuestro gobierno, por expresa decisión del presidente Kirchner -dice el ingeniero Del Bono-, decidió aumentar los fondos para ciencia y técnica, pero además direccionarlos hacia actividades que hacen al interés nacional.
Por eso emprendemos proyectos de investigación científica orientados por políticas públicas para responder a intereses del Estado."
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"En enero de este año - agrega Marenssi, refiriéndose a los proyectos en
cuestión- se presentaron 20 propuestas y, al cabo del año, luego de una cuidadosa evaluación, se eligieron nueve, que serán trianuales y finalizarán en 2007." El ingeniero Del Bono añade que la cofinanciación de la Secyt a través de la Agencia Nacional de Promoción Científico-Tecnológica a los nueve proyectos elegidos implica unos 360 mil pesos, en tanto que la inversión de la DNA es de 1.650.000 pesos.
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"Es una inversión de dos millones de pesos en tres años -dice Del Bono-, y si bien el grueso lo aporta la DNA nuestra secretaría pondrá dinero fresco para apalancar la fuerte cantidad de recursos de los que dispone el Instituto (Antártico Argentino)."
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Los nueve proyectos seleccionados abordan temáticas como efectos del cambio climático, estudio de pautas reproductivas y alimentarias de distintas especies de la zona, estudios vulcanológicos, recursos pesqueros.
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Pero Marenssi enfatiza que falta un año para que finalicen los 45 emprendimientos científicos en marcha desde hace dos, financiados por la Dirección Nacional del Antártico (DNA), de la que depende el IAA, que habitualmente costea las iniciativas del instituto. Y desde hace unos días, dice el geólogo, en el sitio web del Instituto Antártico Argentino
(http://www.dna.gov.ar) se publica el llamado a nuevos proyectos trianuales (2004-2007). Marenssi, que concreta su decimonovena visita a la Antártida, enfatiza que en 2004 trabajarán allí 176 científicos argentinos.
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Un siglo de ciencia
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Actualmente hay investigaciones en las seis bases permanentes (Orcadas, Belgrano, San Martín, Jubany, Esperanza y Marambio) y en el verano se activan las tareas en las bases y refugios temporarios. "La Argentina es la primera y única nación del mundo con cien años de historia científica ininterrumpida en este continente -dice Marenssi-. El 22 de febrero se cumplirá un siglo del Observatorio Magnético y Meteorológico en la isla Laurie, en Orcadas del Sur, hoy Base Orcadas. Ningún otro país ostenta un logro semejante."
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Una rápida recorrida por el alojamiento de la base Marambio alcanza para ver las instalaciones. En la próxima visita, prometen, recorremos el Pabellón Científico, desde donde se disparan dos veces por semana sondas para medir ozono. "Vamos, el Hércules no espera", se escuchan los gritos. Y emprendemos el camino de regreso hacia la pista, que, según explica el jefe de Marambio, vicecomodoro Héctor Ricardo Ludueña, debe estar operativa todo el tiempo, contra la nieve, el viento, las tormentas.
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Casi sin tiempo para ubicarnos, tenemos que sostenernos fuerte cuando se apura el despegue. Ya en vuelo, un soldado nos dice: "No se pierdan esto, no se lo pierdan". El piloto hace un vuelo rasante sobre la pista, ante la mirada de los compañeros en tierra. Es su forma de saludar a la Patria, que vaya si se la siente en el corazón desde la Antártida.
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Por Gabriela Navarra
Enviada especial