
Fuente: La Nacion, Buenos Aires
Argentina - Todavia no realizaron el electrocardiograma a las ballenas del Sur
Osvaldo Castro Ruiz
lunes 26 de agosto de 2002
En Puerto Pirámide
Un equipo científico estudia su corazón
Este cetáceo disminuye a menos de cuatro latidos por minuto su ritmo cardíaco al sumergirse
Mediante electrodos, intentarán grabar el funcionamiento de su corazón
PUERTO PIRAMIDE.- "La ballena no es un buen paciente. No está acostumbrada a visitar médicos", dijo con su voz suave la ingeniera oceanóloga Eunice Ñáñez, que integra el grupo científico argentino-colombiano que intenta realizarle un electrocardiograma y un fonocardiograma a una ballena franca austral. En la primera jornada de la expedición "Corazón de Ballena" los buzos Sergio Fernández y el prefecto José Luis Osa se aproximaron a unas veinte ballenas en un mar revuelto por vientos de veinte nudos, pero los cetáceos se resistieron a sentir los pinchazos de un par de electrodos adosados en dos ventosas que debían ser clavados durante unos treinta segundos sobre su piel.
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Con 65 años, el prestigioso científico colombiano Jorge Reynolds Pombo, experto en electrofisiología cardíaca comparativa humano-animal, es quien conoce más que nadie el corazón de los cetáceos. El especialista comandó con destreza el operativo a bordo de un bote semirrígido bautizado Tritón. El cielo estaba gris, con una sensación térmica bajo cero y el agua a apenas 9°C.
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El científico reconoció que, junto al doctor Roger Payne, titular del Whale Conservation Institute/Ocean Alliance, practicó un electrocardiograma a una ballena franca austral en la península Valdés a mediados de la década de 1980, pero esta expedición es única porque el estudio será completo y mediante alta tecnología.
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El interés en las ballenas que se acercan a las costas argentinas es sobre sus arritmias. La especie franca austral tiene de 45 a 60 latidos por minuto cuando nada en la superficie, pero su frecuencia cardíaca baja a cuatro latidos -o menos- cuando se sumerge.
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La expedición tuvo sus primeros resultados: se logró la ablación de dos corazones de un ejemplar juvenil de ballena y de un ballenato muertos varados en las costas de Playa Fracaso, en el golfo Nuevo. Los órganos fueron congelados en una cámara frigorífica de la pesquera Pescapuerta, de Puerto Madryn, y se trasladarán al laboratorio del Museo Argentino de Ciencias Naturales, coordinado por la doctora Marcela Junín, para ser estudiados en Buenos Aires.
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De mosquitos e iguanas
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Mientras esperaba un plato de sopa para reponer calorías después de casi cinco horas de incursionar por las aguas del golfo Nuevo, el científico dijo que lleva realizados unos 200 electrocardiogramas a diferentes especies:
desde un mosquito a una ballena.
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Enseguida aclara que el mosquito no posee un corazón, sino un vaso contráctil con válvulas y una frecuencia de mil a mil doscientas contracciones por minuto. A la hora de curiosidades, Reynolds afirma que las iguanas marinas de las islas Galápagos, en Ecuador, son un caso asombroso:
detienen su corazón voluntariamente hasta 45 minutos para que los tiburones no las detecten.
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El doctor Jorge Reynolds Pombo, que dirige el Grupo de Seguimiento de Corazón Vía Satélite, partió ayer de regreso a Colombia, pero el equipamiento de su laboratorio quedó en Chubut a disposición del grupo argentino, que continúa con su trabajo de campo para registrar un electrocardiograma y un fonocardiograma de una ballena franca austral.
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Osvaldo Castro Ruiz
.<< Comienzo de la notaPUERTO PIRAMIDE.- "La ballena no es un buen paciente.
No está acostumbrada a visitar médicos", dijo con su voz suave la ingeniera oceanóloga Eunice Ñáñez, que integra el grupo científico argentino-colombiano que intenta realizarle un electrocardiograma y un fonocardiograma a una ballena franca austral. En la primera jornada de la expedición "Corazón de Ballena" los buzos Sergio Fernández y el prefecto José Luis Osa se aproximaron a unas veinte ballenas en un mar revuelto por vientos de veinte nudos, pero los cetáceos se resistieron a sentir los pinchazos de un par de electrodos adosados en dos ventosas que debían ser clavados durante unos treinta segundos sobre su piel.
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Con 65 años, el prestigioso científico colombiano Jorge Reynolds Pombo, experto en electrofisiología cardíaca comparativa humano-animal, es quien conoce más que nadie el corazón de los cetáceos. El especialista comandó con destreza el operativo a bordo de un bote semirrígido bautizado Tritón. El cielo estaba gris, con una sensación térmica bajo cero y el agua a apenas 9°C.
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El científico reconoció que, junto al doctor Roger Payne, titular del Whale Conservation Institute/Ocean Alliance, practicó un electrocardiograma a una ballena franca austral en la península Valdés a mediados de la década de 1980, pero esta expedición es única porque el estudio será completo y mediante alta tecnología.
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El interés en las ballenas que se acercan a las costas argentinas es sobre sus arritmias. La especie franca austral tiene de 45 a 60 latidos por minuto cuando nada en la superficie, pero su frecuencia cardíaca baja a cuatro latidos -o menos- cuando se sumerge.
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La expedición tuvo sus primeros resultados: se logró la ablación de dos corazones de un ejemplar juvenil de ballena y de un ballenato muertos varados en las costas de Playa Fracaso, en el golfo Nuevo. Los órganos fueron congelados en una cámara frigorífica de la pesquera Pescapuerta, de Puerto Madryn, y se trasladarán al laboratorio del Museo Argentino de Ciencias Naturales, coordinado por la doctora Marcela Junín, para ser estudiados en Buenos Aires.
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De mosquitos e iguanas
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Mientras esperaba un plato de sopa para reponer calorías después de casi cinco horas de incursionar por las aguas del golfo Nuevo, el científico dijo que lleva realizados unos 200 electrocardiogramas a diferentes especies:
desde un mosquito a una ballena.
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Enseguida aclara que el mosquito no posee un corazón, sino un vaso contráctil con válvulas y una frecuencia de mil a mil doscientas contracciones por minuto. A la hora de curiosidades, Reynolds afirma que las iguanas marinas de las islas Galápagos, en Ecuador, son un caso asombroso:
detienen su corazón voluntariamente hasta 45 minutos para que los tiburones no las detecten.
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El doctor Jorge Reynolds Pombo, que dirige el Grupo de Seguimiento de Corazón Vía Satélite, partió ayer de regreso a Colombia, pero el equipamiento de su laboratorio quedó en Chubut a disposición del grupo argentino, que continúa con su trabajo de campo para registrar un electrocardiograma y un fonocardiograma de una ballena franca austral.
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Osvaldo Castro Ruiz
.PUERTO PIRAMIDE.- "La ballena no es un buen paciente. No está acostumbrada a visitar médicos", dijo con su voz suave la ingeniera oceanóloga Eunice Ñáñez, que integra el grupo científico argentino-colombiano que intenta realizarle un electrocardiograma y un fonocardiograma a una ballena franca austral. En la primera jornada de la expedición "Corazón de Ballena" los buzos Sergio Fernández y el prefecto José Luis Osa se aproximaron a unas veinte ballenas en un mar revuelto por vientos de veinte nudos, pero los cetáceos se resistieron a sentir los pinchazos de un par de electrodos adosados en dos ventosas que debían ser clavados durante unos treinta segundos sobre su piel.
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Con 65 años, el prestigioso científico colombiano Jorge Reynolds Pombo, experto en electrofisiología cardíaca comparativa humano-animal, es quien conoce más que nadie el corazón de los cetáceos. El especialista comandó con destreza el operativo a bordo de un bote semirrígido bautizado Tritón. El cielo estaba gris, con una sensación térmica bajo cero y el agua a apenas 9°C.
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El científico reconoció que, junto al doctor Roger Payne, titular del Whale Conservation Institute/Ocean Alliance, practicó un electrocardiograma a una ballena franca austral en la península Valdés a mediados de la década de 1980, pero esta expedición es única porque el estudio será completo y mediante alta tecnología.
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El interés en las ballenas que se acercan a las costas argentinas es sobre sus arritmias. La especie franca austral tiene de 45 a 60 latidos por minuto cuando nada en la superficie, pero su frecuencia cardíaca baja a cuatro latidos -o menos- cuando se sumerge.
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La expedición tuvo sus primeros resultados: se logró la ablación de dos corazones de un ejemplar juvenil de ballena y de un ballenato muertos varados en las costas de Playa Fracaso, en el golfo Nuevo. Los órganos fueron congelados en una cámara frigorífica de la pesquera Pescapuerta, de Puerto Madryn, y se trasladarán al laboratorio del Museo Argentino de Ciencias Naturales, coordinado por la doctora Marcela Junín, para ser estudiados en Buenos Aires.
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De mosquitos e iguanas
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Mientras esperaba un plato de sopa para reponer calorías después de casi cinco horas de incursionar por las aguas del golfo Nuevo, el científico dijo que lleva realizados unos 200 electrocardiogramas a diferentes especies:
desde un mosquito a una ballena.
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Enseguida aclara que el mosquito no posee un corazón, sino un vaso contráctil con válvulas y una frecuencia de mil a mil doscientas contracciones por minuto. A la hora de curiosidades, Reynolds afirma que las iguanas marinas de las islas Galápagos, en Ecuador, son un caso asombroso:
detienen su corazón voluntariamente hasta 45 minutos para que los tiburones no las detecten.
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El doctor Jorge Reynolds Pombo, que dirige el Grupo de Seguimiento de Corazón Vía Satélite, partió ayer de regreso a Colombia, pero el equipamiento de su laboratorio quedó en Chubut a disposición del grupo argentino, que continúa con su trabajo de campo para registrar un electrocardiograma y un fonocardiograma de una ballena franca austral.
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Osvaldo Castro Ruiz
.PUERTO PIRAMIDE.- "La ballena no es un buen paciente. No está acostumbrada a visitar médicos", dijo con su voz suave la ingeniera oceanóloga Eunice Ñáñez, que integra el grupo científico argentino-colombiano que intenta realizarle un electrocardiograma y un fonocardiograma a una ballena franca austral. En la primera jornada de la expedición "Corazón de Ballena" los buzos Sergio Fernández y el prefecto José Luis Osa se aproximaron a unas veinte ballenas en un mar revuelto por vientos de veinte nudos, pero los cetáceos se resistieron a sentir los pinchazos de un par de electrodos adosados en dos ventosas que debían ser clavados durante unos treinta segundos sobre su piel.
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Con 65 años, el prestigioso científico colombiano Jorge Reynolds Pombo, experto en electrofisiología cardíaca comparativa humano-animal, es quien conoce más que nadie el corazón de los cetáceos. El especialista comandó con destreza el operativo a bordo de un bote semirrígido bautizado Tritón. El cielo estaba gris, con una sensación térmica bajo cero y el agua a apenas 9°C.
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El científico reconoció que, junto al doctor Roger Payne, titular del Whale Conservation Institute/Ocean Alliance, practicó un electrocardiograma a una ballena franca austral en la península Valdés a mediados de la década de 1980, pero esta expedición es única porque el estudio será completo y mediante alta tecnología.
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El interés en las ballenas que se acercan a las costas argentinas es sobre sus arritmias. La especie franca austral tiene de 45 a 60 latidos por minuto cuando nada en la superficie, pero su frecuencia cardíaca baja a cuatro latidos -o menos- cuando se sumerge.
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La expedición tuvo sus primeros resultados: se logró la ablación de dos corazones de un ejemplar juvenil de ballena y de un ballenato muertos varados en las costas de Playa Fracaso, en el golfo Nuevo. Los órganos fueron congelados en una cámara frigorífica de la pesquera Pescapuerta, de Puerto Madryn, y se trasladarán al laboratorio del Museo Argentino de Ciencias Naturales, coordinado por la doctora Marcela Junín, para ser estudiados en Buenos Aires.
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De mosquitos e iguanas
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Mientras esperaba un plato de sopa para reponer calorías después de casi cinco horas de incursionar por las aguas del golfo Nuevo, el científico dijo que lleva realizados unos 200 electrocardiogramas a diferentes especies:
desde un mosquito a una ballena.
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Enseguida aclara que el mosquito no posee un corazón, sino un vaso contráctil con válvulas y una frecuencia de mil a mil doscientas contracciones por minuto. A la hora de curiosidades, Reynolds afirma que las iguanas marinas de las islas Galápagos, en Ecuador, son un caso asombroso:
detienen su corazón voluntariamente hasta 45 minutos para que los tiburones no las detecten.
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El doctor Jorge Reynolds Pombo, que dirige el Grupo de Seguimiento de Corazón Vía Satélite, partió ayer de regreso a Colombia, pero el equipamiento de su laboratorio quedó en Chubut a disposición del grupo argentino, que continúa con su trabajo de campo para registrar un electrocardiograma y un fonocardiograma de una ballena franca austral.
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Osvaldo Castro Ruiz