Fuente: El Universo, Guayaquil
Ecuador - Ballenas peligran por construcción
Nuevas construcciones podrían evitar que turistas se acerquen lo suficiente a un
JAMES C. MCKINLEY JR. | LAGUNA SAN IGNACIO, México
lunes 20 de marzo de 2006
Marzo 19, 2006.- Esta remota laguna, rodeada de salares, mesetas y desierto, ha sido un santuario para las ballenas grises durante siglos.
Todos los años regresan en enero a estas aguas tranquilas y protegidas para dar a luz y amamantar a sus crías en sus primeros meses de vida.
Los pescadores, que fungen como guías durante la estancia de tres meses de las ballenas, llevan a los turistas a las aguas de la laguna y las ballenas juegan con los botes.
Sin embargo, la laguna ha demostrado ser una poderosa atracción para otros aparte de los amantes de la naturaleza. Desde hace mucho tiempo, los depósitos de sal y petróleo de la zona han atraído a empresas de desarrollo, lo que ha enfrentado a los ecologistas y a los negocios pesqueros y turísticos locales contra grandes compañías y especuladores urbanísticos en batallas que se han intensificado en años recientes.
En el 2000, por ejemplo, los ecologistas lograron una laboriosa victoria contra la Corporación Mitsubishi, que había buscado construir en la laguna un gigantesco complejo de extracción de sal que habría destruido la pesca y la industria de observación de ballenas.
Otra compañía, Exportadora de Sal, ha recibido del Gobierno una concesión de 50 años para extraer sal, lo que sugiere otra batalla en el horizonte. Los ecologistas también dicen que las ballenas están amenazadas por planes para explotar los depósitos de petróleo cerca de la laguna y construir una marina cerca de su entrada.
Desde el punto de vista de los ecologistas, sin embargo, la mayor amenaza para la laguna quizá sea el auge urbanístico que azota la península. Por toda Baja California, los especuladores urbanísticos compran grandes extensiones de terreno propiedad de miembros de cooperativas rancheras y pesqueras, incluidas playas en algunos de los hábitats marinos más prístinos y ricos del mundo.
Pero en Laguna San Ignacio, los grupos ecologistas han llegado a un acuerdo desacostumbrado con una cooperativa que podría ayudar a proteger la laguna, el último criadero para las ballenas grises sin perturbación, del desarrollo industrial o la especulación urbanística.
Según el acuerdo, la cooperativa, el Ejido Luis Echeverría, ha acordado proteger del desarrollo unas 49 mil hectáreas alrededor de la laguna, a cambio de un fondo fiduciario de 675 mil dólares reunido por varios grupos, entre ellos el Consejo de Defensa de los Recursos Naturales y Wildcoast.
Los réditos del fondo van a parar a la cooperativa con el fin de ser invertidos en proyectos para crear empleos permanentes y generar entre sus 43 miembros un interés en proteger a las ballenas y su hábitat.
Sin embargo, la cooperativa Echeverría es sólo una de las seis que poseen terrenos alrededor de la laguna y los ecologistas tienen que intentar persuadir al resto para que se comprometa con la protección de las ballenas.
Serge Dedina, director ejecutivo de Wildcoast, ha intentado convencer a los integrantes de la cooperativa de que tienen más que ganar a largo plazo con el desarrollo del turismo en torno a las ballenas, así como con la piscicultura sustentable, que con un pago único de efectivo por sus tierras.
Raúl López, presidente de la cooperativa Echeverría, dijo que la idea de la cooperativa, o ejido, era que el apoyo del fondo fiduciario a pequeños proyectos atraería empleos y eliminaría la tentación de vender a compañías mineras o urbanísticas.
Pero los líderes de otras cooperativas alrededor de la bahía no están convencidos. Al norte, el Ejido San Ignacio está controlado por un grupo que tiene poco o ningún interés en la observación de ballenas.
Su presidente, Rodrigo Martínez Zapién, tendero, dijo que la mayoría de los 81 miembros era ranchero o microempresario y que apoyaría vender sus playas a una compañía de extracción de sal o a cualquiera que produzca empleos. Ya han sido abordados por especuladores urbanísticos, dijo. “La verdad es que no hay mucho interés en ir a explotar este negocio de las ballenas”, externó.
Otros dicen que ven a las ballenas como un recurso. Las giras balleneras son mucho menos trabajo que jalar las redes de pesca. Y el dinero del fondo ayudará a los pequeños negocios que proporcionan empleos. La única otra opción, dicen, es vender, mudarse a la ciudad y agotar rápidamente los réditos de la venta.
“Claro que ha habido personas que se han acercado con la intención de comprar, pero a nosotros no nos interesa vender la tierra, porque casi todos trabajamos ahora en el turismo”, dijo Alejandro Ramírez, pescador local de 35 años, quien trabaja en un campamento de observación de ballenas. “Si vendo, claro que tendré más dinero, pero el dinero en la mano se evapora rápidamente, y con esta zona natural mi familia tiene forma de ganarse la vida durante mucho tiempo”.









