Fuente: El Universo, Guayaquil
Ecuador - Hay pescadores cómplices de los migrantes
lunes 30 de enero de 2006
SAN MATEO, Manabí.- En La Calle del Río, la vía principal de este poblado, se ubican naves pesqueras que los coyotes fletan para trasbordar inmigrantes a rústicos barcos.
Enero 30, 2006
Xavier Sánchez. editor | SAN MATEO-JARAMIJÓ, Manabí
Coyotes contratan decenas de pangas para trasbordar en rústicos barcos a ecuatorianos en la ruta hacia EE.UU.
Moradores del pequeño poblado de San Mateo, a unos tres kilómetros al sur de Manta, afirman que este lugar y las playas de Pedernales, San Vicente, San José y Santa Marianita son usadas para trasladar a migrantes indocumentados a EE.UU.
Señalan que pescadores de estas poblaciones son tentados por los coyotes para trasladar a los migrantes y así tratar de ganar un monto que no logran en sus faenas.
El pago por llevar a indocumentados hasta el barco que los espera fluctúa entre $ 800 y $ 1.000, superior a los $ 300 mensuales que ganan por la pesca.
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Con decisión y la fuerza que les da el amor a su terruño, un grupo de pescadores del pequeño poblado de San Mateo, a unos tres kilómetros al sur de Manta, el pasado jueves expulsa a varios volquetes que se llevaban la arena de La Tiñosa, la playa en la cual se criaron.
Sin embargo, aquella determinación y coraje evidentes en sus rostros desaparecen cuando se les pregunta respecto a un tema que evaden y prefieren no comentar: el traslado (desde la playa hacia alguna embarcación) de inmigrantes indocumentados que buscan llegar a los Estados Unidos utilizando sus playas.
Cada uno de ellos aclara que nunca ha participado en estos traslados aunque de a poco narran hechos en los que han actuado como observadores o han sido "tentados" a fletar sus embarcaciones, cobrar por pasar a los inmigrantes en sus pangas o "fibras" (pequeños botes de fibra de vidrio) hacia algún rústico barco que los espera a más de una milla (a partir de kilómetro y medio) de distancia.
Joselo, uno de los pescadores, que prefirió no mencionar su apellido, recuerda que "hace poco en uno de los puntos de embarque", en la playa San José, en Manabí, en el momento que llegó un carro, desde el monte por varios lugares salieron corriendo personas que se dirigían a dos pangas que los esperaban en la playa. "eran migrantes", dice.
En eso, otro de los pescadores, Luis Anchundia, lo interrumpe para mencionar los riesgos que enfrentan quienes pretenden embarcarse a esos barcos, la mayoría del Azuay y Cañar. Hace cuatro meses, recuerda, en el sitio Piedra Larga una mujer se cayó de una panga y se ahogó. "Si a los pescadores nos es difícil controlar el viento para no caernos, peor para ellos que no llevan ni salvavidas", comenta.
El pago por llevar inmigrantes hasta el barco que los espera fluctúa en los $ 800, de los cuales deben pagar al ayudante de la panga. El costo de estas embarcaciones promedia los $ 3.500 y el motor $ 4.500.
Miembros de la Cooperativa Pesquera Artesanal San Mateo indican que los embarques de inmigrantes ocurren en sus playas y las de otros sectores como Pedernales, San Vicente, San José y Santa Marianita.
José González, capitán de pesca y coordinador municipal del sector pesquero en Jaramijó (uno de los cantones donde continuamente parten en forma clandestina grupos de inmigrantes en rústicas embarcaciones), lamenta que pescadores se involucren en el tráfico de personas por tratar de ganar un monto que en sus faenas no pueden lograr.
Como ejemplo detalla que los propietarios de pangas, que por lo general ganan $ 300 al mes, por trasladar a los inmigrantes les pagan $ 1.000, en una corta jornada.
Otro caso sucede cuando los coyotes ofrecen contratar por $ 1.000 a pescadores para que integren la tripulación que llevará a los inmigrantes.
La mayoría gana en su rutina de $ 160 a $ 200, al mes.
"Esto trae muchos riesgos porque los pescadores no conocen el barco al que se subirán, la travesía que harán es larga, la capacidad de la embarcación es reducida, no hay suficiente espacio para llevar agua dulce, no conocen cómo enfrentar el mal tiempo o el oleaje en otras zonas y hay más riesgos de naufragar", dice González.
Otro peligro que enfrenta la embarcación es la poca experiencia de estos pescadores en aguas de Centroamérica, donde hay vientos cambiantes, tormentas y tanto el barco como sus tripulantes no están aptos para soportarlas, dice.
González detalla que los coyotes llegan con los inmigrantes en las noches y los ubican en construcciones abandonadas, en la playa o el monte.
Heraldo Anchundia, otro pescador de Jaramijó dueño de dos embarcaciones y con una tradición pesquera que la continúan sus cuatro hijos, asegura que pese al monto que pagan los coyotes, nunca ha intentado involucrar sus lanchas en este ilícito negocio a pesar de las pérdidas que la pesca le representa.
Los perjuicios que sufren los dueños de embarcaciones es otro problema que deja la inmigración ilegal, dice Édgar Ríos, coordinador de Asoexpebla, entidad que agrupa a exportadores pesqueros en Manta. Lamenta que en el envío de indocumentados resultan afectados pescadores que vendieron sus barcos sin efectuar el cambio de propietario.
En otros casos resultan beneficiados porque los coyotes compran en $ 40.000 un barco que cuesta $ 20.000, dice.
Además comenta que la inmigración ilegal por mar afecta la imagen del sector industrial pesquero porque estos en nada intervienen debido a que son barcos artesanales (que abastecen a las industrias pesqueras) los que en forma aislada transportan inmigrantes.
Asoexpebla no registra cifras o estimaciones de las embarcaciones que salen con inmigrantes, sin embargo, Ríos considera que el número de detenciones de barcos con estas personas no es ni la mitad del total existente.
Menciona que entre las "estrategias" que utilizan los coyotes para evadir los satélites y detectores de calor de la Armada de Estados Unidos, protegen las naves con hielo o lonas sobre la cubierta de las embarcaciones o las pintan de azul para que se confunda con el mar.
Betty Fioravanti, quien es abogada de pescadores, cuestiona la tarea de la Capitanía del Puerto de Manta al negar facilidades para que estos puedan ejercer su trabajo.
Ante ello, dice, algunos pescadores optan por vender sus embarcaciones o alquilarlas.
Armando Elizalde, capitán del puerto de Manta, quien dejará dentro de poco el cargo, al contestar al teléfono señala que debido a que en la Amazonia realiza una tarea inherente a la Armada, no puede responder esta semana.








