Fuente: Correo Gallego, Vigo

España - Precios de origen

JUAN CARLOS ULLA OTERO . SANTIAGO

miércoles 17 de mayo de 2006

Un kilo de merluza, 1 euro en lonja, 12 en el mercado y 36 en el restaurante. Existe ya desde hace tiempo la reivindicación defendida por alguna asociación de productores de que los precios que se paga al productor en origen figure en la etiqueta junto al precio final. Sistema éste que, al parecer, está funcionando, y con éxito, en algún país de nuestro entorno.

Difícil conseguirlo aquí, en nuestro país de los mil ríos en donde el etiquetado de alimentos no siempre es objeto de ejemplo a seguir, y sino dense una vuelta, sobre todo por nuestros mercados de abastos y mercadillos, para comprobar la falta de la información mas básica en los alimentos que nos llevamos a nuestra casa.

Sin ir mas lejos, y a título de ejemplo, ahí va éste que afecta directamente a la economía y supervivencia de nuestros pescadores y marineros y al bolsillo de los consumidores: mientras que en cualquier supermercado o mercado, el consumidor paga por unos humildes, pero sabrosos, bacalaos de 3 a 5 euros (cuando no, 6 o más en algún renombrado establecimiento), en la lonja se cotizaban estos días a 6 euros la caja de 16/18 kilos, lo que no está nada mal de beneficio para los intermediarios, que no son los que cabalgan a lomos de bravas olas poniendo en riesgo muchas veces sus vidas.

Y qué decir de nuestras merluzas pescadas en el día en nuestras más cercanas costas: mientras que el consumidor paga de 9 a 12 euros por kilo, al que se jugó la vida le pagan un euro o 1,20 por kilo para merluzas de entre uno y dos kilos de peso.

Esto de multiplicar por diez o doce el precio de la merluza llega a ser hasta de 30 ó 40 veces si esta merluza la pagamos en un restaurante medio.

Con independencia de que el sector se deba controlar en sus capturas en función de la demanda, si quieren seguir pescando y no mandar a chatarra sus barcos y sus marineros al paro, la Administración y los políticos deben agudizar el ingenio para que el consumidor final y el pescador se beneficien de la riqueza de nuestras costas. No vayamos a morir por la abundancia del pan para hoy y el hambre para mañana.