Fuente: La Voz de Galicia, Vigo

Espanha - El sector controlara la venta de su pez espada para frenar la crisis

martes 24 de junio de 2003

Una treintena de armadores y Eduardo Vieira fundan Espaderos del Atlántico

Espe Abuín (redacción)

Los armadores palangreros han decidido pasar a la acción en lugar de permanecer impasibles ante la trayectoria en picado de la cotización del pez espada, que desde hace tiempo se encuentra por debajo del nivel de rentabilidad. Y la fórmula que han elegido para impedir que esa sangría se agrave ha sido la de dar el salto de la extracción a la comercialización, una vía con la que pretenden recuperar parte del valor añadido que, desde el 2000, ha pasado a manos de otros eslabones de la cadena. Calculan que los intermediarios acaparan el 60% del valor añadido. Y es que «la caída sólo se ha detectado en los precios en origen y no ha ocurrido lo mismo con la venta al consumidor final, que sigue pagando lo mismo o, incluso, más», señala Emilio Martínez, gerente de Orpagu y presidente de Espaderos del Atlántico, la empresa que han constituido los armadores para comercializar su producto.

Capital social

«La idea de incidir en el mercado la llevábamos madurando hace tiempo», dice Martínez. Y después de dos años de crisis pareció oportuno ejecutar esa iniciativa empresarial que se llama Espaderos del Atlántico, una comercializadora en la que una treintena de armadores acapara el 80% del capital social y Eduardo Vieira el 20% restante. Los socios mayoritarios aportan sus capturas y el minoritario su experiencia comercial y logística.
La nueva empresa pone en el mercado las capturas de 43 palangreros de
superficie: 27 de A Guarda, 9 de Burela, 4 de Vigo y 3 de Marín, básicamente pez espada, quenlla, marrajo, atunes y bonitos.

El experimento ha fraguado justo en un momento en el que comenzaban a caer las cotizaciones de otros de los productos que extrae esta flota, en concreto las aletas de tiburón, cuya demanda bajó en los mercados orientales -principales destinatarios de las capturas- a consecuencia del retraimiento que ocasionó la neumonía asiática.

En cuanto a los objetivos, Espaderos del Atlántico intenta proporcionar estabilidad a los precios de su producto, a la vez que avanza en la homogenización de la calidad: «Nos hemos marcado un plazo para que nuestro pescado responda a unas directrices de calidad que marquen la diferencia con respecto al que llega de la importación», dice Martinez.

Primera vez que un segmento de flota se alía para vender su propio producto

La idea no es del todo nueva. Ya hay precedentes de productores que han dado el salto a la comercialización. A eso responden las organizaciones de productores, entidades creadas por armadores de distintas flotas para poner en el mercado desde las capturas de Gran Sol, como las del Cantábrico y otras de distintas modalidades de embaraciones. Sin embargo, Espaderos del Atlántico es una iniciativa pionera, en el sentido de que es la primera vez que un segmento de flota -en este caso los palangreros de superficie- se alía para comercializar sus productos.

Pero su irrupción en el panorama comercial no ha llegado sin traumas.
Lógico, si se tiene en cuenta que se trata «de introducir competencia entre gente con mucha experiencia y con su parcela», explica Emilio Martínez, que a reglón seguido apostilla que Espaderos del Atlántico «no ha nacido contra nada ni contra nadie, sino que se trata de un ejercicio legítimo de unos armadores que asumen el riesgo de la producción y de las subidas y bajadas de precio».

Entre los objetivos de la nueva empresa también están proporcionar una garantía de suministro a sus clientes y la apertura de nuevos mercados. Y aunque pueda parecer algo precipitado, según Emilio Martínez, ya se ha apreciado un ligero repunte en los precios del pez espada congelado.

Los armadores palangreros han decidido pasar a la acción en lugar de permanecer impasibles ante la trayectoria en picado de la cotización del pez espada, que desde hace tiempo se encuentra por debajo del nivel de rentabilidad. Y la fórmula que han elegido para impedir que esa sangría se agrave ha sido la de dar el salto de la extracción a la comercialización, una vía con la que pretenden recuperar parte del valor añadido que, desde el 2000, ha pasado a manos de otros eslabones de la cadena. Calculan que los intermediarios acaparan el 60% del valor añadido. Y es que «la caída sólo se ha detectado en los precios en origen y no ha ocurrido lo mismo con la venta al consumidor final, que sigue pagando lo mismo o, incluso, más», señala Emilio Martínez, gerente de Orpagu y presidente de Espaderos del Atlántico, la empresa que han constituido los armadores para comercializar su producto.?

Capital social

«La idea de incidir en el mercado la llevábamos madurando hace tiempo», dice Martínez. Y después de dos años de crisis pareció oportuno ejecutar esa iniciativa empresarial que se llama Espaderos del Atlántico, una comercializadora en la que una treintena de armadores acapara el 80% del capital social y Eduardo Vieira el 20% restante. Los socios mayoritarios aportan sus capturas y el minoritario su experiencia comercial y logística.
La nueva empresa pone en el mercado las capturas de 43 palangreros de
superficie: 27 de A Guarda, 9 de Burela, 4 de Vigo y 3 de Marín, básicamente pez espada, quenlla, marrajo, atunes y bonitos.

El experimento ha fraguado justo en un momento en el que comenzaban a caer las cotizaciones de otros de los productos que extrae esta flota, en concreto las aletas de tiburón, cuya demanda bajó en los mercados orientales -principales destinatarios de las capturas- a consecuencia del retraimiento que ocasionó la neumonía asiática.

En cuanto a los objetivos, Espaderos del Atlántico intenta proporcionar estabilidad a los precios de su producto, a la vez que avanza en la homogenización de la calidad: «Nos hemos marcado un plazo para que nuestro pescado responda a unas directrices de calidad que marquen la diferencia con respecto al que llega de la importación», dice Martinez.