Fuente: Diario de Malaga, Malaga

Espanha - Guerra a los 'cazatesoros' submarinos

lunes 22 de mayo de 2006

Málaga. Hay varios tipos de expoliadores submarinos: el aficionado al buceo que se encuentra un tesoro en una de sus expediciones y decide quedárselo; el amante de la arqueología que busca todo tipo de objetos sin tener autorización o los cazatesoros a tiempo completo. Estos últimos forman parte de bandas altamente especializadas que cuentan con historiadores, submarinistas, marinos... Estudian las piezas, la cartografía y van a por determinados pecios por encargo de algún coleccionista que no escatima en desembolsar grandes sumas para que su equipación sea lo último en arqueología subacuática.
Ayer mismo, la Guardia Civil informó de que habían atrapado en Portugal a un norteamericano de 50 años, acusado de liderar una de estas bandas de "piratas del siglo XXI". Una docena de sus compinches ya habían sido apresados en diferentes capitales española durante la operación Bahía. Les requisaron dos barcos equipados con tecnología de última generación, información recogida de archivos nacionales, diferentes piezas como ánforas o un cepo romano; además de 15 rifles y pistolas.

Agentes de diferentes unidades de la Guardia Civil acuden estos días a un curso para combatir el expolio de bienes culturales e históricos en el entorno acuático. El encuentro, organizado por la empresa malagueña Nerea Arqueología Submarina, está pensado para intercambiar experiencias y despertar una mayor sensibilidad por el patrimonio sumergido del país.

Es precisamente en estos días, en los que sale el sol y comienzan las buenas temperaturas, cuando la población comienza a disfrutar del agua. Los Grupos Especiales de Actividades Acuáticas (GEAS) incrementan también su actividad y parte de los 13 guardias del grupo andaluz –con sede en Sevilla– trasladan a la Costa un destacamento para prevenir expolios, o realizar otra actividad como protección a autoridades, rescate de personas ahogadas o detección de droga o armas en los fondos marinos. La oficina de estos guardias son las embarcaciones y su zona de patrullaje el mar, los ríos o pantanos.

Durante la tarde de ayer, 17 representantes de diferentes grupos de toda la Península hicieron una demostración de lo aprendido estos días. La embarcación, en la que también viajaban miembros de la empresa Nerea, zarpó pasadas las 17.00 y navegó hasta unas plataformas abandonadas en las que antiguamente repostaban los barcos cargueros.

Conforme avanzaba el tiempo, los guardias que iban a sumergirse comenzaron a colocarse los trajes de buzo. "Cada uno tiene su equipo completamente individualizado y siempre trabaja con él", comentaba el responsable del GEAS de Canarias, Juan Ortega Machín. En el suelo había numerosas bolsas de viaje con el logotipo de la Guardia Civil y cajoneras de plástico, cada una con el nombre del agente al que pertenecían. Estos objetos son sus taquillas y la popa, su vestuario.

"Por favor que nadie pise los cables", pedían insistentemente otros guardias encargados del funcionamiento de los equipos. El suelo estaba lleno de gomas de plástico naranjas, por un lado, y negras y rojas, por otro, que servirían poco después a los buzos para comunicarse con el barco y respirar.

"Hay dos formas de sumergirse en modo autónomo, con tu propio aire, o con umbilical [refiriéndose al cableado] en el caso de que haya que hacer un trabajo temporal", señalaba Santiago Almeida, comandante jefe de los GEAS. Según contó, los buzos siempre bajan con las botellas, y la carga de aire comprimido se agota en función de la profundidad a la que se encuentren. "A veces la gente se sorprende cuando ven a un guardia tirarse al agua y sale minutos después, si bajas a 50 metros, el oxígeno te da para aproximadamente cinco minutos", calculaba.

En el momento en el que los buzos se sumergían se anotaba en un bloc la hora y la profundidad, en este caso 15,7 metros. "El buceo es una actividad de riesgo por sí misma, aunque éste se multiplica en los servicios de interior (ríos, pantanos, lagos) por la poca visibilidad... Es un buceo prácticamente a ciegas". De los 178 guardias que hay en todo el país, hay grupos especializados en rescate en barrancos, como los guardias del GEAS de Huesca, o en corrientes, habituales en Ceuta.

El periplo de los hombres rana se seguía desde el barco con la máxima atención. En uno de los camarotes, Fernando Aguirre, cabo de los GEAS destinado en Gerona, seguía sus movimientos a través de dos monitores. "Utilizamos un equipo de circuito cerrado de televisión por hilo", comentaba. A través de un tubo entablaban comunicación con los buzos y aunque los mensajes que emitían con el respirador en la boca sonaban ininteligibles a oídos de un profano, el cabo les respondía con rapidez.

Los buzos llevaban una cámara en la cabeza, de forma que se graba todo lo que iban viendo. "Desde aquí vemos más incluso que ellos, porque la cámara tiene más sensibilidad que el ojo", contaba Aguirre. El sistema de grabación sirve para controlar que los submarinistas no corren peligro y también les permite aportar vídeos a los jueces, que después servirán de prueba en los procesos contra los ladrones del fondo del mar.