Fuente: Colombia Universal, Bogota

Mexico - El nieto de Jacques Cousteau vivio cuatro meses y medio en un submarino con forma de tiburon

Este explorador marino y productor de cine estuvo en la isla Guadalupe (México),

Juan Uribe / El Tiempo

martes 28 de marzo de 2006

Fabien Cousteau, durante ese tiempo, estudió los escualos e hizo un documental que se transmitirá en mayo en Estados Unidos, por la cadena CBS. Este explorador marino y productor de cine estuvo en la isla Guadalupe (México), donde realizó su investigación.

La idea de acostarse boca abajo dentro de un sumergible de 4,3 metros de largo y 450 kilos de peso, con la apariencia de un tiburón blanco, en el que apenas cabe un buzo con su traje y un respirador, se había gestado a los 7 años. A esa edad había leído, como otros miles de niños franceses, El tesoro de Rackham el rojo, la historia en la que "Tintin" se mimetiza entre los tiburones.

La ocurrencia de nadar bajo el agua a centímetros de bestias de 400 kilos que tienen fama de ser eficientes máquinas de matar, e intentar hacerles creer que se es una de ellas, puede sonar extraña. Sin embargo, era algo normal para el nieto de Jacques Cousteau, el ecologista, explorador e investigador francés que durante 60 años, muchos de ellos a bordo de su legendario submarino, "Calypso", reveló los secretos de los mares.

"Debía convertirme en un tiburón para filmarlos y observar lo que hacían", le dijo Fabien a EL TIEMPO desde Nueva York (E.U.), donde vive hace 10 años y dirige su compañía de producción de documentales, Deep Blue Productions.

La primera "echada al agua"

Este economista ambiental de 38 años había comenzado la carrera como buzo el día de su cuarto cumpleaños, cuando su padre, el también explorador Jean-Michel Cousteau, lo lanzó a una piscina con un tanque de oxígeno. Un par de años más tarde, mientras su papá dictaba una conferencia sobre tiburones a bordo de un crucero, el niño quedó asombrado por lo que vio en cine, sin permiso de sus padres: se había colado en una sala del barco donde era proyectada la famosa película Tiburón, de Steven Spielberg.

"No sentí miedo, pero estaba confundido porque todo lo que había aprendido sobre los tiburones era muy diferente de lo que vi en la pantalla", recuerda Fabien, que luego de su experiencia les preguntó a sus padres por qué el tiburón de la cinta engullía por igual botes y personas.

"Me di cuenta de que no todo lo que se ve y lo que se lee es verdad", señala el explorador, quien hoy pretende educar a la gente sobre estos animales. "Los humanos matamos entre 100 y 200 millones de tiburones cada año, y si seguimos a ese ritmo se habrán acabado en 10 o 15 años", añade.

La estirpe Cousteau

Su cordón umbilical con el océano nunca se ha roto. "Si uno crece como yo lo hice, es difícil no amar el mar", explica y cuenta que conserva la herencia que le dejó su abuelo: "Su pasión y entusiasmo por la exploración y compartir ese conocimiento".

Antes de cumplir 10 años, Fabien ya pasaba las vacaciones en el "Calypso", con su padre y su abuelo. Allí limpiaba la cubierta, ayudaba con los trabajos del mar y buceaba. Por eso afirma que nunca ha sentido temor de ser atacado por un tiburón. "Miedo es la palabra equivocada –dice–. Siempre soy cauteloso".

Solo estuvo preocupado debido a la "incertidumbre tecnológica" sobre "Troy", el sumergible con apariencia de tiburón en el que produjo gran parte de las 260 horas de filmación que ahora debe editar para terminar su serie La mente de un demonio.

"Muchas veces el aparato se hundía hasta el fondo, sin ninguna razón", asegura Fabien, que para solucionar el inconveniente exploró lugares en los que la profundidad no superaraba los 30 metros.

Una vez abajo, permanecía hasta tres horas seguidas dentro de "Troy", antes de que el frío acumulado debido a los 10 grados de temperatura del agua lo obligara a volver a la superficie. Ya en tierra firme, Fabien podía ver de nuevo el sol y tomar fuerzas para volver a zambullirse en las profundidades del océano. Igual que "Tintin".

"Troy" bajo la lupa

Dentro del submarino-tiburón llamado "Troy" no hay luz. Lo único que Fabien Cousteau veía eran dos monitores alimentados por cámaras exteriores. Una de ellas era infrraroja, en caso de que la profundidad impidiera la visibilidad. Normalmente había tres cámaras que funcionaban al tiempo. La principal estaba escondida en una "rémora" pegada en la cabeza del sumergible. A veces había una que monitoreaba al buzo. De lo contrario, dos más estaban prendidas: en los ojos y una en la parte de atrás, debajo de "Troy".

"Los monitores servían no solo para ver lo que había afuera, sino también para mostrarme lo que estaba grabando. Yo era el piloto, el observador y también el camarógrafo", afirma Cousteau.

"Troy", para el cual el explorador y su equipo tuvieron que comprar un barco en que transportarlo , tiene una caja toráxica de acero inoxidable de 6 centímetros de espesor y una espina dorsal de planchas macizas de policarbonato Makrolon GP, fabricadas por Bayer Sheffields Plastics Inc.

El legado de Jacques Cousteau

Jacques-Yves Cousteau nació en 1910, en Saint André de Cuzbac (Francia), y murió en 1997, en París. Este oficial de la marina francesa, explorador, ecologista, productor de películas e investigador, dedicó su vida a estudiar los mares.

Participó en la Segunda Guerra Mundial y fue uno de los inventores del aqualung, que permitió a los buzos respirar bajo el agua. Desde 1950, a bordo del submarino "Calypso", viajó por los océanos y produjo documentales y libros sobre la vida marina.