Fuente: El Occidental, Mexico DF
Mexico - Las particulas suspendidas, provocan graves cambios climaticos
jueves 18 de mayo de 2006
En más de una ocasión alguna autoridad había afirmado que el problema de las partículas en Miravalle no representaba peligro para la salud de las personas, pues se trataba simplemente de "polvo". Sin embargo existen estudios documentados que demuestran que las partículas suspendidas en la atmósfera, ya sean de origen natural o producidos por el hombre, pueden ser nocivos no sólo para la salud de los humanos, sino que también llegan a afectar el medio ambiente.
Efectivamente, desde hace siglos se sabe que el humo y las cenizas procedentes de las erupciones volcánicas pueden bloquear parcialmente el paso de la radiación solar durante varios días. En un documento de Nova que aparece en Internet, se menciona que en 1783, Benjamín Franklin propuso que una erupción volcánica masiva de la fisura Laki en Islandia modificaría el clima.
Según el referido documento, hacia principios de los años 1900 los científicos habían tratado de cuantificar qué tanto pueden afectar al clima las erupciones volcánicas, pero las medidas y los modelos climáticos eran demasiado burdos para poder correlacionar ambos factores.
Fue a fines del Siglo XX cuando los investigadores entendieron de manera precisa cómo la erupción Laki y la posterior dispersión de sus cenizas enfriaron las temperaturas de Europa. También esto está relacionado con el "Efecto de volcán humano" provocado por la contaminación del aire originada por causas antropogénicas.
Se menciona que hacia los años 40 del pasado siglo, los científicos estuvieron en posición de sospechar el fenómeno del "enfriamiento global" y tratar de tener un entendimiento mejor de los aerosoles y partículas suspendidas.
La Segunda Guerra Mundial les dio esta oportunidad, como investigadores estudiaron varios tipos de humo, gases venenosos y precipitación de partículas nucleares. Estudios realizados para el Proyecto Manhattan, de hecho, dejaron el primer manual para la ciencia de los aerosoles. Décadas después del gran conflicto unos pocos expertos en aerosoles empezaron a efectuar estudios sobre la relación de las partículas suspendidas y el cambio climático.
Cabe señalar que hacia 1950, los científicos supieron que las nubes se forman sólo donde hay pequeñas partículas como son sales marinas, polen o sustancias ionizadas donde las gotas de agua pueden condensarse. Estos se llaman precisamente "núcleos de condensación".
En esa época varios gobiernos y grupos comerciales empezaron a explorar las posibilidades de "sembrar" las nubes con yoduro de plata y otras sustancias para inducir las precipitaciones, pudiendo de esta manera "controlar" localmente el clima. Sin embargo estos experimentos tuvieron resultados positivos limitados.
A raíz de lo anterior, décadas más tarde nació la sospecha de que la contaminación de origen humano estaba creando de manera inadvertida nubes que interceptan la radiación solar e impactan el clima de amplias regiones.
Se añade que hacia 1960 los crecientes niveles de contaminación en las ciudades detonaron las quejas de los ciudadanos y capturaron la atención de los científicos expertos en aerosoles. La mayoría de ellos se enfocó en las grandes partículas que se precipitan de la atmósfera al suelo en cuestión de días. Pero hubo expertos que empezaron a estudiar cómo las partículas microscópicas pueden permanecer por más tiempo y viajar más lejos arrastradas por las corrientes de aire.
Los expertos establecieron una red de estaciones para monitorear regularmente la turbidez atmosférica, comúnmente conocida como calina. Investigadores del Centro Nacional para el Control de la Contaminación del Aire de los Estados Unidos reportaron aumentos den la turbidez que se extendían más de los 900 kilómetros. Se encontró que incluso remotas áreas del Artico se veían afectas. Tal parecía que la contaminación de origen industrial y las quemas agrícolas de los países en desarrollo estaban ya teniendo un alcance global.
Por otra parte hacia los años 70 y 80 del siglo pasado los científicos empezaron a analizar núcleos de hielo extraídos en Groenlandia desde grandes profundidades al ser analizados que conservaban lo que había quedado atrapado durante muchos siglos. Encontrando señales de que después de grandes erupciones volcánicas fueron seguidas por temperaturas más bajas en años subsecuentes.
En el documento se indica que en un frente diferente, pero relacionado también con lo mismo, y otros expertos encontraron que el ácido sulfúrico y los sulfatos pueden permanecer en la estratosfera por años, persistiendo más tiempo que otras partículas más grandes. Los aerosoles sulfatados, ya sea generados por la actividad volcánica o la humana, debido esta última a la quema de combustibles fósiles, parecen estar relacionados con un enfriamiento climático.
A finales de los 70 se empezaron a desarrollar los primeros modelos computacionales que tomaban en cuenta los aerosoles. Se buscó determinar la relación de cómo estas pequeñas partículas, a diferentes alturas, pueden absorber o reflejar la radiación del Sol que hasta entonces era entendida pobremente.
Se encontró que algunos de los aerosoles de orientación antropogénico estaban contribuyendo a una mayor formación nubosa, incrementando la reflectividad del planeta y causando un modesto enfriamiento.
Hacia principios de los años 80 de la pasada centuria, Walter y Luis Alvarez propusieron que hace unos 65 millones de años se impactó un gigantesco asteroide, generando una explosión que lanzó a la atmósfera miles de toneladas de polvo que enfriaron el planeta matando a los dinosaurios.
La teoría de la extinción de los dinosaurios atemorizó a la gente, al darse cuenta de cuán rápidamente puede cambiar el clima de la Tierra. También incrementó en interés en los científicos el estudio del impacto de los aerosoles en el clima. En 1983, se presentó una teoría diferente pero relacionada con el enfriamiento; se trató sobre las consecuencias de una guerra atómica y la posibilidad de la presencia de un "invierno nuclear".
Hasta 1987 los científicos habían teorizado sobre cómo la contaminación del aire podría estar incrementando la formación de nubes. Pero por décadas fallaron en proveer una prueba definitiva, las evidencias de la relación contaminación Ð nubes era tenue.
Una evidencia más concluyente se presentó precisamente en 1987, cuando fotografías de satélite revelaron nubes persistentes sobre áreas de los océanos usadas por líneas de barcos. El denso humo de las chimeneas de los buques cargado de sulfatos, fue creando nubes que reflejaban una mayor cantidad de radiación solar y reducían la que calentaba la superficie marina en cuestión.
En 1991 cuando hizo erupción el volcán del Monte Pinatubo en las Islas Filipinas, se presentó la oportunidad de que los científicos probaran sus modelos. La erupción lanzó a la atmósfera cerca de 20 millones de toneladas de dióxido de azufre en la atmósfera.
En el documento de Nova se menciona que investigadores encabezados por James Hansen calcularon que la erupción del Pinatubo pudo haber bajado la temperatura promedio global de una atmósfera medio grado durante algunos años.
Desde mediados de los años 90 del pasado siglo, la mayoría de los científicos estaba de acuerdo que los aerosoles de origen antropogénico actuaban de la misma manera que los procedentes de las erupciones volcánicas y que la contaminación del aire podría haber estado enmascarando el impacto del calentamiento global durante décadas.
A finales de los 90 se desarrolló un proyecto multinacional llamado Indoex cuyo costo fue de 25 millones de dólares con el cual se pudo determinar la contaminación proveniente de la India sobre el Océano Indico reducía la radiación solar que alcanzaba la superficie marina hasta en un 10 por ciento. Este proyecto mostró en detalle como la mezcla tóxica de sulfatos y otros contaminantes obstruían de manera directa parte de la radiación solar y contribuían a la formación de nubes que reflejaban parte de la misma radiación solar hacia el espacio.
Así pues, las partículas suspendidas no son tan inocuas tanto para el medio ambiente como para los propios humanos. Seguramente las que se producen dentro de la zona metropolitana contribuyen para la formación de una mayor nubosidad y precipitación sobre el área, pero antes de transportarse y dispersarse en otras partes de la ciudad, afectan la salud de los habitantes de Miravalle, colonia enclavada en las inmediaciones de la Zona Industrial, pero a pesar de todo esto se sigue permitiendo la instalación de nuevas viviendas en el área del Cerro del Cuatro.
TEMPORADA CICLONICA
El pasado 15 de mayo se inició oficialmente la temporada ciclónica en el Océano Pacífico oriental, donde se forman los huracanes que pueden afectar la costa occidental mexicana, incluida la Península de Baja California. Se prevé que ésta no sea demasiado intensa, lo cual disminuye el riesgo de impacto de algún ciclón en la región costera, pero también se reducen las posibilidades de una gran aportación de humedad a la porción continental del territorio nacional. En el Atlántico, la temporada se iniciará el 1º de junio, previéndose en esta ocasión una actividad ciclónica mayor al promedio del que se ha venido registrando durante los últimos 15 años, esto puede impactar en las características del temporal lluvioso de gran parte del centro occidente de la Nación.
Los investigadores del Servicio Meteorológico Nacional, quienes para ello se basaron en el diagnóstico de las condiciones oceanográficas y atmosféricas hasta finales del mes de diciembre pasado, de las anomalías de la temperatura del mar, de la circulación en niveles medios de la troposfera ecuatorial, así como de las zonas nubosas de la franja del Pacífico Ecuatorial, encontrando que las condiciones eran mayormente parecidas a las observadas en los años 1953, 1969 y 1999.
Realizando el promedio de las temporadas análogas y en comparación con las recientes 16 temporadas, encontraron que la actividad correspondiente a la temporada 2006, en el Pacífico nororiental será por debajo de la media de 1990 a 2005, con la formación de 11 sistemas tropicales, de los cuales seis alcanzarían la intensidad de tormenta tropical, tres huracanes moderados y dos huracanes intensos.
Es de destacarse que pese a los daños que puede ocasionar la desviación de un huracán hacia tierra, el aporte que éste hace de humedad hacia la porción continental puede ser enorme, favoreciendo a la agricultura por las captaciones de agua de origen pluvial que se tienen en los diferentes cuerpos. El hecho de que se tenga previsto un menor número de huracanes frente a la costa mexicana del Pacífico, resulta favorable para las poblaciones costeras, especialmente los grandes centros turísticos, porque hay menos posibilidades de impacto, pero es más probable que las precipitaciones en el occidente mexicano no se presenten muy por arriba de lo normal.
En cuanto a la actividad ciclónica prevista en el Atlántico desde el próximo 1º de junio, se espera que sea mayor al promedio que se registró en los últimos 15 años. Según el doctor William Gray de la Universidad de Colorado, experto pronosticador de ciclones en el Pacífico, se prevé la formación de 17 sistemas tropicales de los cuales ocho evolucionarían a tormentas tropicales; cuatro serían huracanes moderados y cinco huracanes intensos. Esto aumenta el riesgo de impacto de alguno de ellos en la costa oriental mexicana y la península de Yucatán.
Es de recordarse que cuando se forma un mayor número de huracanes intensos, se corre el riesgo de que alguno de ellos se desvíe hacia el norte, interrumpiéndose temporalmente el flujo de aire húmedo hacia el occidente mexicano, haciendo que en esta parte del país el temporal se vuelva errático. Por esta razón podría esperarse para gran parte de Jalisco lluvias cerca de lo normal o por debajo del promedio durante el próximo temporal que podría regularizarse hasta finales de junio en parte del territorio estatal, aunque la excepción sería la Zona Metropolitana de Guadalajara, donde la alteración climática provocada por el crecimiento urbano, ocasiona que se tenga una mayor número de precipitaciones cada vez más intensas.
* Ing. José Briseño Muñiz (Coordinador de Ecología del CDE del PRI Jalisco).
* Ing. Héctor Orozco Núñez (Secretario Técnico de la Coordinación de Ecología del CDE del PRI Jalisco).









