Fuente: El Universal, Mexico DF
Mexico - Mares mexicanos, sin vigilancia
lunes 3 de abril de 2006
LA falta de capacidad nacional para salvaguardar las aguas y costas mexicanas es un grave asunto de seguridad nacional, que abre la puerta a que sucedan muchas irregularidades, sin que nada ni nadie pueda impedirlo. Lo mismo se pueden dar casos de piratería y asaltos, como pesca ilegal de especies en veda, cruce irrestricto de bandas de narcotraficantes o, incluso, atentados a instalaciones vitales para la nación, como son las petrolíferas.
De acuerdo con el documento Programa Institucional de Desarrollo 2001-2006, elaborado por la Armada de México, la falta de vigilancia en las aguas nacionales ha permitido que la actividad de narcotraficantes en alta mar sea equivalente al territorio que ocupan 13 estados de la República, mientras que la capacidad de vigilancia de los oficiales mexicanos es apenas de 30% de esa extensión.
La atávica falta de recursos para labores de patrullaje y reconocimiento generan esas franjas acuáticas de inseguridad, que deben ser cubiertas cuanto antes, a riesgo de que tengamos en nuestros propios mares una bomba de tiempo que nos estalle el día de mañana en forma de delincuencia o terrorismo.
De nada servirá, por ejemplo, que se hagan todos los esfuerzos posibles en el país, por detener el flujo de estupefacientes hacia Estados Unidos o Europa, con gran sacrificio de agentes y militares mexicanos, si por las costas nacionales se cuela todo el producto ilícito que surte aquellos mercados.
El Centro de Estudios Superiores Navales, al abordar el tema de la efectividad en la intercepción antidrogas en mar abierto revela que, en materia de mariguana, en el año 2002 se logró confiscar 56 toneladas, mientras que en 2005 sólo fueron 9 toneladas; y que en el caso de la cocaína, las cifras fluctúan mucho año con año, pero siempre con tendencia decreciente.
Y así, siendo grave el asunto del narcotráfico, el problemas es extensivo a otros rubros del quehacer nacional, por ejemplo la pesca. No podremos ser autosuficientes de especies marinas comercializables, como el atún, si flotas extranjeras, principalmente asiáticas, nos saquean impunemente cada día.
Por lo que respecta al tema de la seguridad nacional, cabe recordar que en este mundo globalizado la nuestra se inscribe también en el contexto de la seguridad regional. Una agresión a nuestros yacimientos petrolíferos, los más ricos del continente, pondría en jaque nuestro abastecimiento energético y, subsecuentemente, el de Estados Unidos. Por lo mismo, debemos anticipar la tentación estadounidense de apoyar nuestros sistemas de inteligencia y seguridad, mediante acciones y mecanismos que vulneren la soberanía nacional.
Todo esto es lo que el Ejecutivo federal y los Legisladores deberán sopesar a la hora de ajustar el presupuesto federal. Las prioridades se deben revisar, porque los pocos recursos que capta el erario se van a rubros sin duda urgentes, pero descuidando estos aspectos de seguridad nacional, a los que no se les valora bien porque parecen muy lejanos a nuestra cotidianidad.
No podemos dejar al garete nuestra seguridad, ni el dominio de las aguas nacionales a la ilegalidad, y sólo con recursos suficientes y oportunos se podrá apoyar la enorme cruzada que tiene frente a sí la Armada de México, que requiere multiplicar su presencia, aumentar el número de efectivos y desplegar mucha tecnología -lanchas rápidas, botes, barcos, armas, radares- para ser capaz de enfrentar a bandas criminales que suelen estar mejor pertrechadas. El reto es de seguridad nacional y no puede ser desestimado por más tiempo.









