Fuente: Gato Encerrado, Lima

Peru - El inevitable peso de la historia

miércoles 1 de octubre de 2003

Esta vez con el gas, Chile no era el centro del problema. Pero la animadversión que cada cierto tiempo aparece en los países del norte es tomada como un dato de la causa por algunas corporaciones nacionales, frente al cual se aconsejan distintas estrategias.

En Lima, Perú, hay una tienda de departamentos que exhibe las banderas de varias naciones, pero no necesariamente está la chilena, aunque sea el país de origen de los inversionistas. ¿Falta de patriotismo? No, simplemente sentido de la prudencia frente a sentimientos locales que pueden generar animadversión en las compras o que puedan entorpecer el normal funcionamiento de los negocios.

La revuelta social en Bolivia, el otro vecino del norte, recordó una vez más que la historia cada cierto tiempo reaparece con fuerza. Que aun cuando las inversiones puedan cambiar la fisonomía de un país en un plazo relativamente corto, como ocurrió con Chile, los procesos de transformaciones sociales son más lentos y pueden obstaculizarse con fuerza cuando la frustración, postergación y pobreza se mantienen como un cáncer latente por años, que cada cierto tiempo explota.

Ese estallido ocurrió en los últimos 11 días en parte del país altiplánico, como han dado cuenta numerosas crónicas periodísticas en la semana. El 60% de los bolivianos vive bajo la línea de la pobreza. La tasa de mortalidad de niños menores de cinco años es de 77 por cada 1.000 nacidos vivos, de acuerdo con los datos 2001 del Banco Mundial - en Chile, ese número alcanza los 12- . Si a la pauperización se le suman dirigentes opositores con acento sólo en la ruptura, sin capacidad de realizar propuestas viables en la práctica y con intereses particulares que defender, el resultado puede ser la amenaza de desgobierno.

Felipe Quispe, apodado el Cóndor, y Evo Morales, opositores, han propugnado la no exportación del gas a los Estados Unidos y la industrialización de Bolivia con ese insumo. Pero, según el académico de la Universidad Andina, Erick Torrico, se estima que los fondos necesarios para materializar la explotación de gas alcanzan a los US$5.000 millones. ¿Cómo van a obtener los recursos si todo lo que producen anualmente los bolivianos alcanza a US$8.000 millones? Más todavía, si el gobierno se encuentra con un déficit fiscal que reduce su capacidad de que la explotación la realice una empresa pública, puntualiza Torrico.

La solución ha sido que participen privados desde la exploración: la empresa Pacific LNG, un consorcio formado por British Gas, British Petroleum y Repsol YPF, pretende licuar el gas una vez extraído desde las ricas reservas bolivianas y enviarlo a los Estados Unidos. Los análisis de rentabilidad de Pacific sostienen que es más barato exportarlo desde el terminal marítimo chileno de Patillo, en la Primera Región. Luego, ese gas lo venderá a la empresa abastecedora estadounidense Sempra. Este fin de semana, ambas compañías tienen una reunión para avanzar en los respectivos contratos, dice el cónsul de Bolivia en Chile, Víctor Rico. Aún no hay nada definido.

La resistencia no sólo se ha fundamentado en la posible salida del gas desde Chile. También se mezcló con un profundo sentimiento antinorteamericano y con la convicción de que debía ser el Estado local el que explotara las riquezas nacionales, idea que viene desde un ala de la izquierda y que ha sido detractora de los procesos de privatización, explica Torrico.

Raúl Lema, presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), se hizo cargo en una entrevista con el diario El Mundo de Santa Cruz de las versiones sobre la participación estatal y respondió: "he escuchado que quieren que YFPB vuelva al tema de exploración, producción, etcétera, pero la gente no tiene idea de lo que eso significa. Actualmente no están dadas las condiciones, y segundo, aún no tenemos capital".

La idea estatal se anida en los conceptos sobre un estado empresario y benefactor nacidas en Bolivia a mediados del siglo pasado. Los intereses políticos mezclados con un ambiente social empobrecido dieron como resultado un movimiento masivo y abrieron una encrucijada para el Presidente de Bolivia, Gonzalo Sánchez de Lozada, que ahora busca resolver el conflicto mediante el diálogo y la exposición de los beneficios que traerá la exportación de gas para los bolivianos.

El conocimiento de la cultura

De acuerdo con los datos de la Cámara de Comercio de Santiago, desde 1992 hasta el primer semestre de 2003 se han detectado US$3.743 millones en inversiones de capitales chilenos en Perú y US$373 millones en Bolivia. Lan, Falabella, Ripley, Fasa, entre otras, han abierto filiales en esas naciones.
Las empresas chilenas, ya con 30 años de experiencia en el libre mercado, han visto a los países vecinos como destinos naturales de sus procesos de expansión, después de consolidar las operaciones en el terreno local.

El grueso de la inversión se materializó en 1995, cuando la bonanza económica nacional e internacional facilitó las incursiones de chilenos en los países aledaños. En Bolivia, la privatización de las empresas estatales de ferrocarriles en 1995 despertó fuertes resquemores porque eran entregadas a inversionistas chilenos. Esa vez hubo ataque directo a símbolos nacionales como la bandera. Esta vez, el nombre de Chile resuena con menos fuerza en el problema del gas porque, dada la extensión de los reclamos, la animadversión boliviana hacia nuestro país es sólo un sentimiento más en el listado de justificaciones de las protestas.

A pesar de los hechos de rechazo, con Bolivia se han ido extendiendo redes de colaboración entre los empresarios que han culminado incluso con la creación, hace dos meses, de la Cámara Chileno-Boliviana de Comercio. Los hombres de negocios bolivianos han dado muestras de estar muy interesados en adoptar esquemas similares a las políticas económicas chilenas, dice el vicepresidente de la reciente creada institución, el economista y presidente de la Empresa Portuaria de Iquique, Patricio Arrau.

El cónsul, Víctor Rico, remarca: "el ambiente de negocios en Bolivia es bueno. Hay inversiones importantes; de hecho, en el mismo sector de hidrocarburos están Repsol, British Gas, Shell y Esso. También hay inversiones chilenas. Ciertamente en el último tiempo estamos en un período de crisis social en algunos sectores, pero confiamos en que lo vamos a poder superar a través del diálogo".

En consecuencia, la élite económica de ambos países ya tiene internalizado que la cooperación para realizar negocios puede ser fuente de nueva riqueza.
Lo mismo ocurre con el Perú.

Para los chilenos, una de las recetas ha sido que "las empresas nacionales deben peruanizarse", opina Enrique Soler, agregado comercial de la embajada de Chile en Perú.

Las compañías locales que han ido a Perú adoptan desde nombres que la identifiquen a nivel local, como Lan Perú; prácticas corporativas como enrolar o preparar a equipos de ejecutivos de origen peruano hasta adaptarse a las formas de socialización y negocios del vecino país.

A mediados de los noventa, sendos artículos en The Wall Street Journal y The New York Times, dos de los diarios más influyentes de los Estados Unidos, recogieron el malestar de los vecinos - Perú, Argentina y Bolivia- por la soberbia con la que actuaban los ejecutivos chilenos. Entre las críticas estaba la supuesta posición de "ciertos ejecutivos jóvenes" que actuaban más rápido, confiada y decididamente. En Perú, todo marchaba más lento, acusaban.

Pero desde el otro ángulo, la cultura empresarial y social peruana tiene sus raíces en el virreinato. Todo toma más tiempo y se requiere ganarse del conocimiento y confianza del interlocutor con el cual se habla. "Es común que te inviten a una comida de negocios, pero en toda la cena no te hablen una sola palabra del negocio que se va a realizar. Muchos ejecutivos quedan con la sensación de tiempo perdido, pero en realidad es una instancia muy provechosa para conocerse y entablar vínculos de confianza. Al final, no es descartable que luego más tarde te telefoneen para cerrar un trato en el bar conversando un trago", dice un conocedor de estas prácticas.

En la actualidad, la estrategia de las empresas es más sutil, buscando aproximarse con las diferencias que existen entre las realidades culturales.

Esta semana, Felipe Pérez Walker, presidente de la Cámara Chileno-Boliviana de Comercio, viajó hasta Santa Cruz de la Sierra para encabezar la delegación de empresarios locales que se reunirían con sus pares bolivianos.
Su cita no tenía relación con los recientes acontecimientos del gas, pero es un reflejo del estrechamiento de las relaciones entre las élites económicas nacionales. La prosperidad de Santa Cruz no tiene comparación con el resto de Bolivia y los enfrentamientos no repercutieron ni en la zona ni en la realización del encuentro empresarial y feria multisectorial Expocruz 2003, reconoció en sus titulares el diario El Mundo de Santa Cruz de la Sierra.

Los intereses cocaleros

En la calle, dicen algunos de los asistentes al evento de Santa Cruz, no había problemas de sentimiento antichileno reflejado, por ejemplo, en las tradicionales conversaciones con los taxistas.

En Expocruz 2003, un dirigente de la zona sorprendió con una alocución donde sostenía que hasta cuándo se sigue con la excusa del mar para hacerse lo que se tenía que hacer para superar la pobreza. Recordó, como quedó en la memoria de uno de los asistentes chilenos, que a Tarija, el lugar más beneficiado con la exportación de gas desde Chile, le podría pasar lo mismo que a Potosí, donde se desaprovechó la explotación del litio.

Aunque no se pudo confirmar si se trató del mismo expositor, periodistas bolivianos señalaron que el jueves el presidente de la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz de la Sierra, Zvonco Matkovic, reiteró que la salida del gas tiene que ser sí o sí por Chile, en otro antecedente que refleja que en los círculos empresariales prima la cooperación.

El problema para algunos chilenos que saben de la realidad de Bolivia es que la conducta de Quispe y Morales ha sido irresponsable, pero popular en la población sumida en la pobreza. El calificativo de irresponsable radica en el hecho de que no existe mucha alternativa racional para la explotación del gas boliviano. Más allá, incluso, sostienen que hay detrás una importante defensa de los intereses de los cocaleros, porque es posible que con el gas se acabe este tipo de plantaciones.

El diputado Evo Morales representa a esos intereses y a campesinos comprometidos en ellos, dice Torrico, pero también es cierto que a las autoridades políticas bolivianas no le son indiferentes el tema del gas, los sentimientos antinorteamericanos y los antichilenos. Dar con la salida socialmente más viable no será tarea fácil.

Los líderes de la oposición

Quienes han encabezado las protestas en contra de la explotación de gas han sido el diputado y principal dirigente de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia y diputado opositor, Felipe Quispe. Junto a él ha estado Evo Morales, diputado y otro de los cabezas del movimiento campesino.

Quispe es apodado como El Mallku, o Cóndor, sinónimo de máxima autoridad en la cultura aymara. Quispe nació en Ajillata, provincia de Omasuyos, el 22 de agosto de 1942. En una entrevista publicada por Los Tiempos de Bolivia, según consta en una biografía de él en internet, Quispe narró que el profesor les quitaba sus lluchus (los gorros andinos tejidos a mano) cuando no podían cantar el himno nacional en español y los quemaba delante de los niños.

Morales también tiene origen aymara (nació el 26 de octubre de 1949) y también ha hecho suyas varias de las reivindicaciones de los pueblos aborígenes bolivianos

El Mercurio. Chile
Domingo, Septiembre, 2003
Enfoques, Economía y Negocios
ALEJANDRO SÁEZ ROJAS


Publicado el Miércoles, 1 de Octubre del 2003