Fuente: Expreso, Lima

Perú - El gigante alimentario dormido

lunes 15 de junio de 2026

Perú - El gigante alimentario dormido

Por Alfonso Miranda Eyzaguirre

13 Jun 2026
Expreso, Lima
https://www.expreso.com.pe/opinion/el-gigante-alimentario-dormido/?fbclid=IwY2xjawSaREhleHRuA2FlbQIxMABicmlkETF4bGI2N3p2ckJJSGJFQ2R6c3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHu4QAeAIB0QfKrPRmLbXBvQLwRBKtYQ92aDxyM4ffMFh9soSHGR4_AC5iFR0_aem_NQPT9N4liaFimrQ9QG8N9g

“La seguridad alimentaria es una decisión política”. Esta afirmación, promovida por la FAO, resume uno de los grandes desafíos estratégicos del siglo XXI. En un mundo que demandará un 70 % más de los alimentos que genera hoy hacia 2050, los países capaces de producir proteínas, gestionar sosteniblemente sus recursos naturales y garantizar el abastecimiento alimentario tendrán una ventaja geopolítica cada vez más relevante.

El Perú posee condiciones excepcionales para ocupar una posición de liderazgo en ese escenario. La corriente de Humboldt sustenta uno de los ecosistemas marinos más productivos del planeta, mientras que nuestra agricultura ha demostrado una notable capacidad para abastecer mercados internacionales con productos de alto valor, durante temporadas en las que otros países no pueden exportar. Pocas economías reúnen simultáneamente semejante potencial marino y agroalimentario.

Sin embargo, seguimos observando la pesca, la acuicultura y la agricultura como sectores aislados, cuando en realidad forman parte de un mismo sistema estratégico nacional. La discusión no debería limitarse a cuánto pescado, frutas o productos acuícolas exportaremos en las próximas décadas. La verdadera pregunta es si queremos convertirnos en una potencia bioalimentaria global.

La diferencia es sustancial. Una potencia alimentaria no solo extrae o produce recursos: desarrolla ciencia, tecnología, infraestructura, logística, investigación aplicada, trazabilidad, innovación y capacidades institucionales. Noruega comprendió que su riqueza marina podía convertirse en una política de Estado impulsora de su desarrollo. Brasil hizo algo similar con su agricultura tropical. Ambos transformaron ventajas naturales en visiones estratégicas de largo plazo.

El Perú aún no ha dado ese paso. Existen importantes esfuerzos públicos y privados, y contamos con sectores que compiten en las más altas esferas internacionales. Sin embargo, carecemos de una política nacional que integre pesca, acuicultura, agricultura, nutrición, investigación científica y comercio exterior bajo un rumbo compartido hacia 2050.

Esta ausencia resulta particularmente preocupante cuando la seguridad alimentaria comienza a adquirir una importancia comparable a la que tuvieron la energía o las materias primas el siglo pasado. Este planteamiento no implica cuestionar el aporte histórico de la industria pesquera, que es orgullo nacional. Por el contrario, se trata de reconocer el valor de una actividad que ha contribuido significativamente al desarrollo económico del país y al posicionamiento internacional del Perú.

Pero, precisamente porque contamos con una de las mayores disponibilidades de proteína marina del mundo, corresponde ampliar nuestra visión estratégica. La primera prioridad debe ser resolver nuestras propias brechas nutricionales. No resulta coherente aspirar a ser una potencia alimentaria mundial mientras millones de peruanos continúan enfrentando problemas de anemia, deficiencias nutricionales y acceso insuficiente a proteínas de calidad.

La riqueza biológica de nuestro mar debe contribuir no solo a generar exportaciones y divisas, sino, en primerísimo lugar, a garantizar la seguridad alimentaria de nuestra población. Hoy resuena más que nunca la reflexión del Premio Nobel de la Paz de 1970, Norman Borlaug: “La alimentación es un derecho moral de todos los que nacen en este mundo”.

La experiencia internacional demuestra que la seguridad alimentaria no depende únicamente de los recursos disponibles, sino de las decisiones que toman los Estados. Como reafirmó la Declaración de Roma sobre la Seguridad Alimentaria Mundial, alcanzar este objetivo requiere voluntad política y compromiso nacional.

El gobierno que asumirá funciones el próximo 28 de julio tendrá la oportunidad de iniciar esa tarea y proyectar al Perú hacia 2050 como una potencia alimentaria oceánica: un país capaz de alimentar mejor a su población, liderar el desarrollo sostenible de la pesca y la acuicultura, impulsar la innovación científica y convertir una de las mayores riquezas biológicas del planeta en una ventaja estratégica para las próximas generaciones.