Fuente: Diario Expreso, Lima

Perú - El mar que puede rescatar al Perú

lunes 1 de diciembre de 2025

Perú - El mar que puede rescatar al Perú

Por Alfonso Miranda Eyzaguirre

29 Nov 2025
Diario Expreso, Lima
https://www.expreso.com.pe/opinion/el-mar-que-puede-rescatar-al-peru/?fbclid=IwY2xjawOX86VleHRuA2FlbQIxMABicmlkETFCQTV5cTlVZG5XdDVkUHZtc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHsi_RWX_N62j-ZS-OchjV9up-ZsUTwcqGwWAlkUJI0BG2ztQ46azXTzBrUPc_aem_aqyp0U1iFkD4MLv_FJ825A

El Perú enfrenta una contradicción dolorosa: poseemos uno de los mares más ricos del planeta y, sin embargo, arrastramos cifras de anemia y desnutrición que avergonzarían a cualquier nación con nuestra capacidad productiva. En 2024 se confirmó que la anemia afectaba al 43,7 % de los niños menores de tres años y que la desnutrición crónica en menores de cinco años alcanzaba el 12,1 %.

En paralelo, el consumo nacional de pescado sigue estancado —según INEI— alrededor de los 17 kilos anuales por persona, muy lejos de lo que se esperaría de un país cuya identidad e historia están íntimamente ligadas al mar. Esta paradoja revela una falla estructural: no hemos sabido convertir nuestra riqueza marina en bienestar nutricional para nuestra población.

Los productos hidrobiológicos ofrecen proteínas de alta calidad, aminoácidos esenciales, vitaminas y minerales fundamentales para el desarrollo físico y cognitivo. No existe política social más barata ni más eficaz que garantizar que los niños accedan regularmente a estos alimentos. Sin embargo, mientras América Latina consume menos de la mitad del promedio mundial de productos acuáticos, los gobiernos y los organismos internacionales no parecen incorporar con la urgencia necesaria el rol del pescado en la lucha contra el hambre.

Las declaraciones en efemérides no bastan; se necesitan programas concretos que integren sistemáticamente recursos marinos en las estrategias de nutrición, compras institucionales y cadenas de suministro de alimentos.

Perú, con su abundancia de anchoveta, pota, jurel, caballa, bonito, perico y especies amazónicas, debería ser protagonista de esa transformación. Para que ello ocurra, la pesca para consumo humano directo debe convertirse en eje innegociable de nuestra Política Nacional, con metas claras y de obligatorio cumplimiento para los funcionarios del sector, hoy y mañana. La seguridad alimentaria no puede ser un capítulo menor dentro de un engorroso y etéreo documento técnico; debe ser la brújula que oriente la pesca peruana.

La evidencia ya existe. Durante una década, el Instituto Tecnológico Pesquero del Perú (ITP) demostró que capacitar a maestros, profesionales de salud y pescadores, y promover el consumo de recursos hidrobiológicos en zonas vulnerables, reducía significativamente la desnutrición y mejoraba la salud infantil. Ese programa fue reconocido por la FAO como el mejor plan regional y también premiado por su impacto.

A pesar de ello, se desactivó por la mezquindad del gobierno de Humala. Es momento de corregir ese error histórico. El aparato estatal tiene que atender las demandas del sector, eliminando barreras burocráticas y logísticas, mejorando la cadena de frío, formalizando a la pesca artesanal sin populismo, y promoviendo la infraestructura que garantice el acceso al pescado en zonas urbanas, rurales, andinas y amazónicas.

Los ciudadanos también tienen un rol ineludible. La mayoría de los planes de gobierno ni siquiera mencionan la palabra “pesca”, mucho menos “acuicultura”, y casi ninguno incorpora al pescado como herramienta de desarrollo social.

Es responsabilidad de la ciudadanía exigir que los candidatos expliquen qué harán para que la riqueza marina llegue realmente a las mesas del país. La lucha contra la anemia, la desnutrición y la pobreza no se ganará con discursos, sino con decisiones políticas que prioricen el alimento más nutritivo, abundante y accesible que tenemos: el pescado. El Perú no puede seguir permitiéndose que su mar siga siendo un privilegio desaprovechado.

La seguridad alimentaria debe nacer desde nuestras costas y ríos, y extenderse a cada comunidad del país. No hay razón para que sigamos siendo una nación rica con ciudadanos malnutridos. Tenemos los recursos, el conocimiento y la historia. Solo falta voluntad. Ningún país puede aspirar al desarrollo cuando el pueblo no puede llenar su plato.