Fuente: El Nuevo Diario, Santo Domingo

Republica Dominicana - Dominicanos desafían a los tiburones en busca de oro en el Caribe

Laura Martínez

sábado 28 de enero de 2006

Santo Domingo, 27 ene (EFE).- No trabajan en una mina, sino en el mar Caribe, son los buscadores de oro dominicanos que, sin temor a los tiburones, rastrean el fondo marino en busca de anillos, collares y hasta dientes de oro. A Guillermo pocos le conocen por su verdadero nombre, todos le llaman "Metalito" por su "apego a los metales", como dicen al unísono sus compañeros de faena.

Con la piel curtida por el sol, delgado, "pero pura fibra", como él mismo asegura mientras muestra los antebrazos, "Metalito", de 39 años, busca oro desde los siete.

No necesita mucho, apenas unas aletas, unas gafas de buceo y una chapa para escarbar el fondo marino.

Con paciencia, mucha paciencia, buena vista y buenos pulmones ha conseguido lo que él llama su botín particular, que después pone a la venta.

Así, se ha hecho con las partículas de oro que quedan adheridas a las rocas, con anillos, pulseras, gemelos, pisacorbatas y dientes de oro.

Por supuesto, tampoco desdeña la plata ni el cobre. Si es metal, pero "del bueno", todo sirve.

Tras soldar y fundir el oro con acetileno, lo vende a entre 200 y 425 pesos el gramo (entre 5,8 y 12,5 dólares).

Reconoce, con pesar, que este trabajo vivió días mejores, especialmente cuando toda la basura y los desperdicios de la capital dominicana desembocaban en el mar Caribe.

"Esos sí que eran buenos tiempos para el bolsillo", recuerda con nostalgia. Lo que no dice es que no lo eran tanto para el medio ambiente.

Sin embargo, añade que todavía en esa zona del malecón dominicano se pueden encontrar buenos tesoros.

Un trabajo, el de buscador de oro, que no está exento de esfuerzo.

Una vez que estos "mineros del mar" se hacen con partículas de oro, las depuran con un plato hondo y una rejilla para separar el metal dorado de todo aquello que no sirve.

Para "Metalito", como para muchos otros, el mar lo "es todo".

Cuando el oleaje impide el buceo se dedica a la pesca. Cuenta que hace veinte días atrapó en Palmar de Ocoa, en el sur del país caribeño, cuatro tiburones "chiquitos" de unos 27 kilos cada uno.

"Me fue bien, me fue bien", asegura. Vendió la libra de tiburón (0,45 kilos) a 60 pesos (1,7 dólares).

A "Metalito" no le dan miedo los tiburones, todo lo contrario. "¿Por qué? Porque en la calle hay muchos más tiburones que en el mar. En la calle por quitarte lo tuyo te matan y te dejan tirado, en el mar lo único que te puede pasar es que te ahogues", asevera.

"¡Ah!, porque la probabilidad de que un tiburón te coma es de una entre un millón", afirma con la rotundidad de aquel que lleva toda la vida en el mar.

Algo parecido piensa Pablo Durán, de 38 años, que desde hace cerca de veinte compagina la pesca con la búsqueda de oro, dependiendo de cómo está el mar y también del tiempo.

"Hebillas, anillos, dientes, relojes, gemelos, pisacorbatas... Si uno busca bien, uno encuentra de todo, hasta monedas antiguas. También hay muchos metales que se quedaron incrustados en las rocas", subraya.

Y es que, como casi todos sus compañeros, explica que lo más importante de este oficio es rebuscar, escarbar bien y tener paciencia.

Sin embargo, precisamente porque el malecón ya no es el vertedero de Santo Domingo, la profesión de "buscador de oro" está en la cuerda floja.

Por eso, muchos de estos "mineros del mar" dicen que, igual que muchas especies marinas, ellos son también una especie "en vías de extinción".